Gociterra-Lecturas móviles

Gociterra- Lecturas móviles (Mario Campaña)

Gociterra emprende la búsqueda de testimonios creativos y pretende ser vehículo de viajes de la palabra poética. Su propósito es extender lazos y plantear la posibilidad de la escucha y el intercambio literario. Esta es una muestra en curso configurada por voces de la poesía hispanoamericana contemporánea.

Mario Campaña nos lee un poema de Aires de Ellicott City (Candaya, 2006).

II

Con oído tísico en el camino las campanas

Ominosos arreos desperdigados

Agrandados por el viento.

Un golpeteo hiriente, de alfiler oxidado

Que nadie veía pero inflamaba el ánimo; campanas

Que en la noche parecían tañer solas; música

Salvífica, en el comienzo del andar.

En el camino

Un sol hundido entre flores espumosas.

A veces alguien, quizá Dios, sacudía en lo alto

El blanco plumaje de los pájaros del cielo.

Caía la nieve, su sombra débil

Su luz lenta.

Una noche verde y roja:

El cielo de la muerte, verde y rojo.

Iridiscente caracol

Anunciando alumbramientos milagrosos.

Puertas destrozadas en el aire, traspasando el filo de las nubes.

Voces que atraviesan corredores de humo.

Alto y frondoso, el árbol

En cuya cúspide anida el guaraguao

Y el carrao engorda cantando glorias a las crías

Víctimas devoradas sin suplicio.

Quizá sea el destino y sus chillidos lo que escucho.

Rostro arrugado de proféticos muñecos

Que cuelgan como antiguos prodigios.

Quizá la clamorosa marcha de espinos blancos, rondando

Como sereno fiel de nuestra noche

Cuando abre las hojas el zarzal; o el resonar

De un gran agujero

Por donde evacúa el día su aire.

Huelo. Olor del ir. Lo vivo

Brota y crece para quien huele.

Un poderoso aroma un viento envenenado

Va y viene:

-¿Qué haces aquí, viento

Aterrado en estos contubernios de negación y excusa?

-No vuelvas más tu cuerpo hacia el camino:

Tampoco tu nombre será borrado de aquel muro.

Huelo. Y grito de lejos al hombre que corre conmigo

Palabras de aliento para su lastimosa ensoñación.

Luego enmudezco. Mutismo del andar.

Aléjame de la verdad patria de la mentira.

Si digo la mentira ésta emprende

El camino de la verdad o la profecía.

Si digo la verdad ya se transforma

Es una maldición. Una mentira.

¿He llegado? ¿Adónde?

¿Qué lugar es este

Donde los cuerpos cuelgan del asta de los augurios

Y hay hombres con soles en la cabeza

Alas cortantes y ojos en las alas

Guardan el corazón en las arquetas

Llenan sus bolsas de azufre

Y pesan sus almas con gestos tramposos

En el fiel de balanzas trucadas?

Ante la mirada escrutadora de los ángeles

Los pájaros pían ferozmente a ras de suelo

No en el aire sino ocultos en una hierba que no hay

Con sorda furia fantasmal, lejana.

¿Quiénes son, quiénes

Pobres seres sin rostro

Que hicieron de la mirada un ardid,

De la astucia una verdad?

Y se ahogan sin pausa

La lengua hundida en la garganta, embalsamada

Por el polvo? ¿Quiénes esos seres austeros

Que contemplan cabizbajos la vida como estatuas

Esperando la permanencia

No descansan de lo infinito; lo olvidan

Y se complacen de no estar muertos

E intercambian sus muertes

Mientras pierden su polen magnífico?

Sacrifican hombres y no ciervos

Y a un toque de silbato desnudas mujeres perseguidas

Corren delante de sus amos en los bosques

En sucio juego beatífico.

¿Qué lugar es éste, cuál

Donde no hay, y los amores se amontonan

Unos sobre otros, acechándose

En un gran cementerio

Promiscua voracidad del pasado continuo

En tortuosa vida póstuma?

Corre el gamo en un campo que no hay, y el ave

Vuela en un aire que no hay. Y tiembla el pez

En aguas que no hay. No hay.

Vive el hombre una vida que no hay.

¿Qué lugar: “calle de la amistad”

“Plaza del señor de la alegría”, “calle

De la unión de los hombres”

Mientras la tumba del poeta

Recibe comensales en las fiestas de halloween?

¿Dónde queda aquella ciudad lluviosa

Ese lugar remoto que puja en mi memoria

Donde el viento se resuelve en círculos

Mordiéndose como una bestia

Furiosa en su guarida?

Negras sierras de infierno: he ahí mis tierras.

Miro los lagos, donde limpia su cuerpo

Una mujer pelirroja de cabellos de sauce.

Se mueve con furos adolescente

Soñando una vida que acaricie como el agua

Y la de cabellos rasta llora

Ante la belleza desmedida del crepúsculo

Despidiéndose de su vieja casa alumbrada por candiles.

Un campo convertido en recuerdo.

Tierra de seres que tiemblan

Ante un devenir incesante, ambicionándolo todo.

Ingenuidad que conduce a la gloria

Ingenuidad que conduce al dolor.

Mi madre y yo jugábamos a las cartas por separado

O por turnos mezclados; ella baraja de otro modo.

O mejor: las suyas vienen barajadas de otro modo.

Son idénticas, para perder o ganar.

La locura juega con las mismas cartas. O

Yo juego con las suyas. No hay más.

No hay otras.

Para nadie.

Llegan brillos de otros mundos

Estrellas difuntas

Que irradian luz que no les pertenece

Vienen del pasado a destacar los arrecifes

De lejos admirables, de cerca una promesa cortante.

Hay gente señalada por el signo de la victoria

Ungida en humo fragante para la salvación:

He vivido entre ellos

Un Dios en celo los gobierna.

Un Dios sin brillo los alumbra.

Un Dios sin mundo les enseña el mundo.

Mi madre juega y juega. Sus jardines

No son los de una reina

Entre oxidados barrotes cuelgan

Junto a sábanas remendadas

En edificios ruinosos que rematan tendederos.

(Oh madre, lanza ya tu poderoso juego. Muestra tus ases.

Consume las probabilidades de tus años

Tira las sobras al suelo.

Deja entrar a las gallinas.)

He aquí un  cruce de caminos

Soles de agua en flor verdes soles de ayer

Que irisan el ojo ante el prisma deslumbrante.

Donde ahora pastan lobos había un portón

Un placer de tierra húmeda, humilde

Un jardín fragante, fluyente como río, agua

Florecida, unos niños, una mujer de moño limpio

Un honesto hombre de blanco que celaba.

Sueño: mundo que cambia cada noche.

Algo repica con una obscenidad descarnada.

Llevo un atado ligero, una muda de aire

Tres mazorcas secas y una manta de oro.

No puedo saber si voy a permanecer

Más tiempo que un instante.

Vengo lobo marino, la cabeza partida entre mitades

Con cintas manchadas de rojo y blanco.

Ahora goza, grave animal de la molicie

Del aroma y la nostalgia

Estas aguas que no hay

Que corren todavía

Por este cauce que no hay.

Hay ángeles astutos, contratistas de la posteridad.

Ciegos y solos con sus flores impolutas.

El único argumento es la paciencia

Con su hervor irreversible.

La única fidelidad la paciencia

La esperanza la paciencia, su sosegada

Sed que lame y sedimenta.

Nada

Más perenne que el bronce.

No es tiempo de inscripciones.

No es venerable el tiempo, ni los muros venerables.

Este es mi saldo: un tiempo de papel, acopio

De la fe. Mi fortuna.

Un emigrante eterno, aquí voy con mis bultos

Faltas y culpas no dichas; con viada.

Pez raspabalsa que avanza río abajo

Abrazado a un tronco de palmera.

Se viaja y de costado se ve

Pero si uno parpadea la visión

Desaparece. Un oasis perdido,

Un animal que salta y que se esconde: el alma

Cuerpo ajeno instalado en nosotros

Conserva lo más radicalmente humano

Fuera. Fuera del mundo

Esa es otra parte del pasado.

No se hace visión del infinito.

Y morir así es solo

El andrajoso reverso de la gloria.

 

***

Mario Campaña (Guayaquil, Ecuador, 1959) es poeta, ensayista y narrador. Sus últimas publicaciones son: Bajo la línea de flotación (relatos); En el próximo mundo (poesía); y Linaje de malditos. de Sade a Leopoldo María Panero (ensayo). Es autor de cinco antologías de poesía latinoamericana, entre las que se encuentra Casa de luciérnagas. Antología de poetas hispanoamericanas de hoy. Es inminente la aparición de Pájaro de nunca volver (poesía) y Una sociedad de señores. Dominación moral y democracia. 
Mario Campaña vive en España. Fundó y dirigió durante veinte años “Guaraguao. Revista de cultura latinoamericana”, que se edita en Barcelona desde 1996.

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Gociterra- Lecturas móviles (Marta López Luaces)

Gociterra emprende la búsqueda de testimonios creativos y pretende ser vehículo de viajes de la palabra poética. Su propósito es extender lazos y plantear la posibilidad de la escucha y el intercambio literario. Esta es una muestra en curso configurada por voces de la poesía hispanoamericana contemporánea.

Marta López Luaces nos lee los poemas “Reminiscencias de ecos”, “Tempestades” y  “POEMA COMO TRANSLENGUAJE/ A TRANS-L=A=N=G=U=A=G=E POEM“.

Reminiscencias de ecos

                         But internal difference                 

                               where the Meanings are

                                  Emily Dickinson

                         Diredes de estes versos i é
                        verdade que tén estrana
                               insólita armonía

                                 Rosalía de Castro

En el follaje de las palabras

Emily y Rosalía hablan

en mí.

Espacios de cielos nocturnos

alimentan el ámbito

de la diferencia.

-Deseé que el cielo brotara

de las tormentas silenciosas

de Amherst

y que el Tiempo

atrapara

mi mirada en ti.

Blancura.

-De mí

vaguedades do orballo[1],

corrupción del alba

deseos trocados

en voz

al otro lado

do Branco.

Se confrontan las dos orillas de mi horizonte.

-De la que las voces

desafió

paisajes previstos

por las miradas

del western mistery[2]

nocturnos

ámbitos interiores

ecos

son laberintos

de mi tradición.

-De mi bretema

chegan[3]

desde los eternos bosques

cantos

de extraños

insólitos

pájaros

[1] La imprecisión del rocío.

[2] Misterio de Occidente. Verso de Emily Dickinson.

[3] Niebla/ llegan

 

Tempestades

                                                                              Who let the light into the dark? began the 

                                                                                            many movements of the passion

                                                                                                                        Robert Duncan

Venían de nosotros,

del viento y su ulular.

 

En la crsta dela brisa

la tormenta

asedió

la firma de las cosas

convocó el temor a lo Bello

traición de lo diáfano.

 

Venía de nosotros

y violó el orden

de la Eternidad.

 

En la cresta de la Tormenta

el gris.

 

POEMA COMO TRANSLENGUAJE

A TRANS-L=A=N=G=U=A=G=E POEM

Taking cabs in the middle of the night

driving as of to save your soul where the

road goes round and round the park and

the meter glares like a moral owl

Elizabeth Bishop

¿Vienes?

Are you coming?

Apúrate, llega

Hurry up, come

sube por el Hudson

go up the Hudson

cruza la ciudad por el Central Park

cross to the other side of the city, by Central Park

y llama

and call me.

 

¿Vienes?

Are you coming?

En el East River

un barco nos llevará

a ship will take us

alrededor de la isla,

around the island

una y otra vez,

once again

para que veas

so you can see

asomarse entre las Torres Gemelas

appear, through the Twin Towers,

el vacío que nos engendra.

the emptiness the begets us.

 

¿Vienes?

Are you coming?

Brooklyn still awaits

ser descubierta

to be discovered

desea ser Manhattan y su puente cuelga

it wishes to be Manhattan and its bridge hangs

como una pérdida.

hopeless.

De envidia no quiere ver

Its envy doesn’t let it see

la isla que la niega.

the island that denies it.

 

¿Vienes?

Are you coming?

Aún te espero

Iam still waiting

y veo por la ventana

and I see through the window

la neblina de otra ciudad

the mist of another city

que me marca

the leaves its mark on me

Llega, apura, salgamos

Come, hurry up, let’s go

protegidas por el anonimato

protected by the anonymity.

La noche nos fuerza

the night compels us

a enmascararnos.

to disguise us.

 

¿Vienes?

Are you coming?

El metro pasa por el Bronx

The subway goes through the Bronk

sus ojos sin pestañas

its eyes without eyelash

te persiguen desde la ventana.

haunt you from the window.

 

¿Vienes?

Are you coming?

¿O prefieres llegar por la mañana

Or you rather come in the morning

cuando la ciudad muera

when the city dies

sin haber cumplido su promesa

before meeting its promise?

***

Marta López-Luaces (La Coruña, España 1964)

Enseña literatura española y latinoamericana en Montclair SU.   Es autora de Los arquitectos de lo imaginario, Las lenguas del viajero (Madrid: Huerga & Fierro, 2005), Distancia y destierros (1998),  y  la plaqueta Memorias de un vacío (New York: Pen Press, 2002), el libro de relatos La Virgen de la Noche (Madrid: Sial, 2009) y acaba de publicar una novela Los traductores del viento (Vaso roto, 2016). Como crítica ha publicado Ese extraño territorio: La representación de la infancia en tres escritoras latinoamericanas (Santiago de Chile, 2002) que luego traducido al inglés se publicó por Juan de la Cuesta Monographic Review (Delaware: 20005) y La poesía y sus máscara  publicado por la universidad de San Marcos en Lima en 2008.

 

 

Gociterra – Lecturas móviles (Mercedes Roffé)

Gociterra emprende la búsqueda de testimonios creativos y pretende ser vehículo de viajes de la palabra poética. Su propósito es extender lazos y plantear la posibilidad de la escucha y del intercambio literario.

Esta es una muestra en curso configurada por voces de la poesía hispanoamericana contemporánea.

Mercedes Roffé lee poemas de La ópera fantasma (Vaso roto, 2012)

 

LA NOCHE Y LAS PALABRAS

A la luz de las velas

las palabras

iban perdiendo toda realidad

ese poco de peso que arrastran en sus ruedos

como cuelgan de las eses

de hierro las reses y sus moscas.

Fabulación

-casi una mentira.

Anillos de humo como almas

se llevan el aliento

de un entusiasmo exangüe

sin voz y sin ayer.

Niebla

polvo

nada

Lo volátil.

¿Cómo sostenerse

en la ignominia?

La inanidad de decir

sólo palabras

mar      bigote      bingo      azul      campos      cuevas

aros      libros      desayuno

tren

espada

Nada es nada.

Apretarse los ojos hasta

que el azul

colme el vientre del vaso.

-Toma, bebe.

Y brindemos por todo. Y dale

el crédito al silencio. Toma,

ahí lo tienes.

La inanidad de decir

sólo palabras

cuna      ensanche      tribu      césped

tuna      zanja

colofón

Un hueco

aventado

por la gimnasia feliz de pronunciar

el eco de un pasado

-el coletazo final

del corvo

contra la arena reseca.

Agallas

Tener agallas

Sostengámonos

en la ilusión de LA LUZ

las palabras

morirán lejos

acaso en el recodo

donde el deseo abraza a la memoria

ante el mirar sonámbulo de un otro

displicente o mordaz.

-No hay trama -dije-.

No hay intriga ni final.

Sólo el regreso. No hay

andamiaje posible. La noche

sin embargo

se sostiene.

Contra toda gravedad, la noche

se sostiene.

Inevitablemente

se sostiene.

 

ENTONCES

Antes, mucho antes
en el tiempo del que te estoy hablando
cuando era chica
cuando mi madre era chica
mi abuela
cuando la guerra
cuando la Depresión la Ley Seca
cuando el rito mozárabe bate en ordalía doble
la cátara herejía
cuando llegaron a América
cuando Erik
cuando la Tetralogía
cuando se estrena Traviata en el Colón, a sólo cinco años
del estreno en París
aproximadamente cuando
abrió Cartier y el país salía
recién de la mazorca
(¿ves…
que nada es garantía?)
Cuando todo así de aproximado, erróneo
equivocado, evocado
como las citas de Curtius durante la guerra o Borges
en su memoriosa ceguera o Paz
y tantos otros en lo ciego
de su apurada ambición

o cuando
los egipcios o cuando
construyeron las pirámides
los aztecas
solían
cuando
la Capilla Sixtina o el metro
de Moscú
solían
cuando
el califa Omar o los soldados de César
destruyeron
la biblioteca de Alejandría
o Nerón Roma
o Dios
la Torre de Babel
o la hierba
el caballo de Atila
(¿dónde quedó, María,
tan ardua, la flecha suspendida
como el aliento en la boca
del padre de Tristán? Siempre duele la espera,
¿no? Hasta esperar el final de una frase, un argumento, duele,
¿no?)

cuando
cada cual lo suyo
destruyó y hubo
destruido
o armado o hecho o fraguado o erigido

o cuando el detective va y encuentra el cuerpo y
o cuando el marido va y la ve y ve que el chico
o cuando la amiga se da cuenta y

Entonces

cuando cae
cuando la noche
cuando viene
todo lo que viene
después
todo lo que por lo general sucede en presente
histórico o no necesariamente
después de algo
sólo aparentemente conclusivo
que sin embargo se abre

 

GHOST OPERA

(Tan Dun)

agua

trémolo

redoble de timbal y

agua

trémolo

gota

GONG

en el seno / cuenco del

agua

trémolo

GONG

vibración que se expande

en el espejo / cuenco / timbal del

agua

trémolo

GONG

Entonces vienen Shakespeare

y Bach

y hablan

sentados frente a frente

frente al cuenco / timbal / del agua

y la luz

como dos Budas

solemnes

hablan

y Shakespeare dice: “De la materia del sueño / somos.”

“Fuga / Fuga de muerte,” dice Bach.

Mercedes Roffé.  Buenos Aires, 1954.  Poeta, traductora, editora. Poemarios: El tapiz (bajo el heterónimo Ferdinand Oziel, 1983), Cámara baja (1987), La noche y las palabras (1996), Canto errante (2002), Memorial de agravios (2002), La ópera fantasma (2005, 2012)), Las linternas flotantes (2009) y Carcaj : Vislumbres (2014) y Diario ínfimo (2016).

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Gociterra – Lecturas móviles (Mariela Dreyfus)

Gociterra emprende la búsqueda de testimonios creativos y pretende ser vehículo de viajes de la palabra poética. Su propósito es extender lazos y plantear la posibilidad de la escucha y del intercambio literario.

Esta es una muestra en curso configurada por voces de la poesía hispanoamericana contemporánea.

Mariela Dreyfus nos lee poemas de sus libros Morir es un arte (Lima, 2010; 2014) y Cuaderno músico precedido de Morir es un arte (Madrid: 2015)

MARINA

ésta es la danza con el mar

la eterna danza la macabra

espejo del atardecer

líquenes enredados a mi cuerpo

como un cordón umbilical

el mar me abre su vientre

me cobija sus olas son el amarillo

maternal esa caricia lejana

ya olvidada entre las olas

soy la niña del mar su criatura

de piernas recogidas y pulgar en el labio

el mar me lleva avanzo entre las rocas

lado a lado los ojos entreabiertos

a la izquierda el sol rojizo a la derecha

la medialuna pálida me observa cubre

mi negro omóplato en el mar

me copio y me recreo soy narcisa

LIED NEGRA

            (Sarah Kane) 

Oye esta música

esta densa monótona canción de adentro

de la herida del fondo del alma

este ruido incesante

esta tumultuosa tonada del yo

 

Mi alegato se vierte como un soplido del viento

un sibilino murmullo recitado

que en inglés te repite o en español te inyecta

esta oscura cascada de palabras

 

yo estoy sola

                        yo no me amo

                        yo me odio

 

Pero aquí nadie entiende nadie puede acercar

el oído como un bálsamo a mis labios

nadie puede tocar esta ranura

esta grieta de hielo en el corazón

 

La soledad incita al odio

y a la vergüenza y a la obstinación

a la rabia que todo lo permea

me persigue y desborda

y cuando aun al fin sin los demás

despierto a las cuatro y cuarenta y ocho

en punto de la mañana

cuando llego al vértice de la melancolía

y estoy cansada de gritar

de pedir que ya basta ya no más

la tensa cuerda de los miedos me circunda

me acaricia la nuca va ajustando

sola se anuda aprieta me levanta

y a mis pies no resta ya más nada

que esta viuda imposible intolerable

lied negra.

(De: Morir es un arte)

 

La palabra viaje

en esa leve heredad los abuelos disponían

la chaise longue al pie de la cama y yo

me arropaba junto a ellos su tibieza de

horno contra el invierno gris el abuelo

abría en la mesa su gran diario me hacía

leer editoriales llenos de palabras extrañas

que luego mirábamos en el larousse incluso

una vez preguntó qué era la bandera enhiesta

en fiestas patrias luego hubo otras cosas

enhiestas en mi vida por ejemplo el arma

con que alguien me apuntó en un toque de queda

pero abuelo hablaba de un cierto orgullo nacional

que también se hizo trizas como la taza de la

abuela con su leche de vaca y harta azúcar

para ese primer sorbo que era mío y fue mía

además la planta de la higuera donde en noches

sin luna se descolgaba un duende o el árbol

de pacae demasiado precario demasiado inquietante

era también la bisabuela esperándome en el cuarto

del fondo más allá del gran patio más allá de los

andes ella hablaba un dialecto hermoso ante mi

mal carácter decretaba ya no criar más cólera

como si ésta me brotase por dentro y había

que dejarla morir niña inconforme niña insatisfecha

apaga de una vez ese canal por donde viaja la ira

que habrá de devorarte que habrá de dirigirte cuando

escribas tan fuerte en la libreta que el dedo medio

quedará dislocado cuando inventes tu propia

semántica violenta cuando grabes la palabra desnuda

grave herida la palabra que marca tu destino en las

borras tempranas del café

 

 

***

ESPACIO para el dolor su

prístina materia alucinada

las curvas con que lo esquivas

frente a frente riendo como a un

muñeco de vudú le clavas agujas

pero no muere el dolor del barro

vuelve a levantarse sus labios te

susurran aquí estoy entonces

no queda sino habitar con él

servirle el desayuno llevarlo

contigo en la cartera pegado a la

cadera que a ratos parece que se

abre pero vuelve a ti ese aguijón

físico a la izquierda más arriba

a  la diestra y aunque es áspero

el dolor se te clava en el pecho

le crecen dedos garras afiladas

vas sumando dolores uno a uno

los atas en un haz les pones nombre

hay dolores antiguos como en rilke

aún no florecidos su roce es golpe

seco como una sed eterna temporal

que pasa vuelve y reposa también

horizontal así lo llevas a la cama le

cepillas los dientes al dolor siéntalo

en tus faldas dale un abrazo nada temas.

(De: Cuaderno músico precedido de Morir es un arte)

 

Mariela Dreyfus 

Destacada poeta peruana, autora de  Memorias de Electra (Lima, 1984), Placer fantasma (Premio Asociación Peruano-Japonesa, Lima, 1993), Ónix (Lima, 2001), Pez (Lima, 2005); Pez/Fish (New Delhi, 2014), Morir es un arte (Lima, 2010; 2014) y Cuaderno músico precedido de Morir es un arte (Madrid: 2015). Escribió el ensayo Soberanía y transgresión: César Moro (Lima, 2008) y ha traducido a Allen Ginsberg, Sylvia Plath y Diane Wakoski entre otros poetas norteamericanos. Ha coeditado los tomos Nadie sabe mis cosas. Reflexiones en torno a la poesía de Blanca Varela (Lima, 2007) y Esta mística de relatar cosas sucias. Ensayos en torno a la obra de Carmen Ollé (Lima, 2016). Fundadora del colectivo artístico Kloaka (1982-84), reside en Nueva York desde 1989 y actualmente es profesora en la Maestría de Escritura Creativa en Español de New York University.

Gociterra – Lecturas móviles (Héctor Hernández Montecinos)

Gociterra emprende la búsqueda de testimonios creativos y pretende ser vehículo de viajes de la palabra poética. Su propósito es extender lazos y plantear la posibilidad de la escucha y del intercambio literario.

Esta es una muestra en curso configurada por voces de la poesía hispanoamericana contemporánea.

Héctor Hernández Montecinos nos lee poemas de sus libros La Divina Revelación (Ciudad de México: Aldus, 2011) y de Debajo de la Lengua (Santiago: Cuarto Propio, 2° ed. 2014).

LA VIDA NO vale nada
tampoco la muerte
no sé si existan o sean solo colores
de todos modos no interesa
el más allá o el más acá
depende de donde estés
y al final de todo
la distancia es siempre luz

Los vivos y los muertos
sufren por igual
lloran de noche y se tropiezan
vagan por solitarios caminos
y nunca están satisfechos

Aparecen y desaparecen
como ofrendas a un dios hambriento
de realidad y realidad
y extrañan los resplandores
del órgano corazón

Vaca dios lo sabe y está junto a mí
Águila dios lo sabe y está junto a mí
ciertamente devengo en ellos
y mis palabras son sagradas
como las constelaciones
por donde entra y sale a su voluntad
la resurrección
pues la balanza a su favor se ha declarado

A este lado del papel o en ese donde lees
el Sol Negro se eleva y se esconde
en las aguas celestes del cerebro
que son los Mares de la Luna
donde penetro como si fueran misterio

Heme aquí Mar de la Serenidad
vuelto loco desde el día de mi nacimiento

Heme aquí Mar del Néctar
bebiendo el veneno nocturno de los hombres

Heme aquí Mar de los Vapores
ahogándome desde los pies hasta el infinito

Heme aquí Mar de las Nubes
esperando el cielo rojo y el arcoíris negro

Heme aquí Mar de las Olas
arrastrándome sobre el fin del mundo

Heme aquí Mar de las Lluvias
desnudo y enfermo de geografía

Heme aquí Mar de la Crisis
a punto de morirme de pena y soledad

Mis enemigos ya no pueden huir de mí
pues me he convertido en cada uno de ellos
cada uno de sus miembros
es a la vez cada uno los míos
también las siete serpientes
que vuelan por los Siete Cielos Gramaticales
impulsando las semillas de dos letras
para que los siete colores borden las órbitas
y se posternen ante las palabras
que abren y cierran la gloria trágica

Vengo de hace doce años
y conozco el resto del siglo
lo de humano que habitaba en mí
ya no existe
y mis recuerdos han sido extirpados
con sus raíces y algas marinas

Mi faz escondo tras un velo
de cientos y cientos de páginas
que son mil culos blancos que dan órdenes
y cuya comida favorita
es la vida misma
esa que te rodea en este momento
y te separa sonriente de la multitud

Estoy aquí
en esta noche de tribunal y fiesta
abatida y destrozada
es la verdad
cercenada de sus antepasados
que reinaron sobre las ciudades como lobos
y arrasaron sus mandíbulas y murallas
para que sus leyes no les fueran arrebatadas
por la eternidad

Mírame
el mundo se convierte en un museo de cera derretida
y yo me enfrío
y tirito de terror sobre mis rodillas
mi madre buitre me devora de día
mi padre serpiente de noche
he cometido una abominación
y mi nombre empieza a corromperse
le es repugnante a la Chaqana
y a los Siete Cielos Gramaticales
pues escucha
yo soy todo para la poesía chilena
y la poesía chilena es todo para mí

 

***

 

La muerte despeja su camino
nada más
otro poder que ese no tiene
se abre paso entre su laringe
que es el abismo donde entra y sale
la mano que escribe partida en cuatro
según la jerarquía del infinito

No me oculto en la sombra de estas estrellas
a miles de años luz
pues hace miles de años que su luz está muerta
pudriéndose abandonadas como vértebras
en una consagrada ofrenda
a las pestes del mundo moderno

En este momento
los orificios de mi nariz
son las puertas dilatadas
de un templo en ruinas
que rinde culto a la Aparición del Día
yo soy el Hoy
yo soy el Ayer
yo soy el Mañana
interrumpe mi mano
primogénita y calva de tiempo
entonces todo se detiene

El Río de los Huesos deja de crujir

La Manicomia deja de incendiarse

El Desierto de la Ceniza deja de crecer

El Teatro Tiempo deja de desplomarse

Los días de mi vida se suman a los meses
y las noches a la casa de los años
todo lo que debe realizarse
debiera ser de pie
encima de la constelación del Árbol del Mundo
con las manos juntas
penetrando en el ombligo
que es el túnel al más allá

Soy un espíritu y un código a la vez
los animales dioses viven en mí
ante mi nariz el mundo se extiende
entre dos letras sagradas
que es como brillan la estrella de la mañana
y la estrella de la tarde

Abro esta puerta
y veo al pequeño cien erres y a la primera persona
a Ajún la Bestia y los postestructuralistas
al Castillo de los Centinelas y a la Divina
nada desaparece
salvo el tamaño de dios
y su cadáver en la tierra
que yo respetaba
como si fuera mi propio cadáver

Me incorporo antes ustedes
de mi pecho sale un grito agudo
como el de un ganso salvaje
que se deshace como una nube
en esta lengua muerta

Adivina mi nombre dice Sordomudoniño
Sordomudoniño este es tu nombre

Adivina mi nombre dice María Paulina Rubio
María Paulina Rubio este es tu nombre

Adivina mi nombre dice el infante del cielo
Infante del cielo este es tu nombre

Adivina nuestros nombres dicen
cada uno de los 27 cosmonautas hermosos
que son las letras de la Constelación del Alfabeto

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¿Las conoces?
¿Las recuerdas?
salieron del pene de tus ancestros
y ahora caen de mi boca
sobre tus ojos
pues escucha
yo soy todo para la poesía chilena
y la poesía chilena es todo para mí

 

***

 

La resurrección ha llegado al punto mayor
sobrepasa a las altas nubes y a los cuerpos celestes
que brillan con más vigor que nunca
luego todo es mancha
átomo a átomo
unidos por un rayo que va de una tumba a otra
buscando una confesión amarga

Yo no escribí para vengarme
corazón de los trece años

Yo no fui a la casita en llamas
corazón del miedo a la ley

Yo no cometí la sodomía
corazón sagrado y herido

Yo no hice llorar a las hermanas carnívoras
corazón del levantamiento de la prohibición

Yo no tomé para mí lo que no era
corazón de las camas vacías

Yo no apagué el Fuego Paralelo
corazón de la balanza de la luz

He aquí un bosque
una voz me pregunta qué encontré en mi camino
una luciérnaga partida en dos
¿qué le has dicho?
guardé silencio
¿qué te ha ofrecido?
una tablilla de barro
¿qué has hecho con ella?
la llevé al Desierto de la Ceniza
¿qué encontraste allí?
una pirámide y dentro un libro que era una flor
¿cuál es el nombre de esta historia?

Las cerraduras y las bisagras de las cuatro esquinas del tiempo
se apretaron hasta hacerse añicos
el nombre secreto de todo brilla
es grande y silencioso como el universo
la vida son solo colores y formas
la muerte es gris y musical
el día y la noche son la primera mentira
el bien y el mal son la última

Tres estrellas se elevan en el horizonte
y son las tres una sola puerta
tiene doce medidas de largo
y doce medidas de ancho
no tiene fondo como el mar
ni está invadida por los Gusanos de la Iluminación
como yo
es un talismán tendido
entre el día de la creación y el día del exterminio

Soy nuevamente un niño pequeño
no hablo ni escucho
mi piel por dentro es de noche
y me alimento del verde soma
me están llamando ¿oyes?
mis células aplauden y glorifican
mis entrañas son tus entrañas
mis humores son tus humores
mis lágrimas son tus lágrimas
mi semen es tu semen

Porque eres el enamorado del firmamento
millones de siglos se confabularon
para que todo lo que pudiese matarte se extinguiera
vagarás en este país
y leerás cada uno de mis libros
entre tu Cordillera Blanca y tu Cordillera Negra
en la soledad de tu Laguna de la Mente
en cada nube o arcoíris que pase
son tus doce sueños
te enseñarán la historia de la luz
y eso es un misterio
no los pongas en manos del primero que llegue
pues escucha
yo soy todo para la poesía chilena
y la poesía chilena es todo para mí

De La Divina Revelación (Ciudad de México: Aldus, 2011. 784 páginas)

 

Héctor Hernández Montecinos (Santiago, Chile, 1979)

Licenciado en Letras Hispánicas (P. Universidad Católica de Chile). Termina un Doctorado en Filosofía mención Estética y Teoría del Arte (Universidad de Chile) y comienza otro en Literatura (P. Universidad Católica de Chile). De su proyecto total en tres partes, Arquitectura de la Mentalidad, que supera las dos mil páginas, dos ya han sido publicadas, La Divina Revelación (Ciudad de México: Aldus, 2011) y Debajo de la Lengua (Santiago: Cuarto Propio, 2° ed. 2014). A los 19 años recibió el Premio Mustakis a Jóvenes Talentos. A los 29, el Premio Pablo Neruda por su destacada trayectoria tanto en Chile como en el extranjero. Es el compilador de 4M3R1C4: Novísima poesía latinoamericana (Santiago: Ventana Abierta, 2010) y Halo: 19 poetas nacidos en los 90 (Santiago: J.C. Sáez editor, 2014). Ha aparecido recientemente en El Canon Abierto. Última poesía en español (Madrid: Visor, 2015) como uno de los 40 poetas “más relevantes de la lengua española nacidos después de 1970”.

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Gociterra-Lecturas móviles (Carlos López Degregori)

Gociterra emprende la búsqueda de testimonios creativos y pretende ser vehículo de viajes de la palabra poética. Su propósito es extender lazos y plantear la posibilidad de la escucha y del intercambio literario.

Este primer volúmen es una muestra en curso configurada por voces de la poesía peruana contemporánea. Carlos López Degregori nos lee poemas de Una mesa en la espesura del bosque (2010) y La espalda es frontera (2016).

 

El sol mendigo

Yo soy el sol mendigo y recorro las calles de la ciudad pidiendo cualquier cosa que entra por la boca insaciable de mi saco.

Pero algo fue distinto ayer cuando llegué con las últimas luces a tu casa. Acercaste el rostro al ángulo afilado de la puerta y no me ofreciste una joya de plomo, ni un mendrugo de pan, ni una moneda humedecida con tu saliva.

Solo la sonrisa que te pintas cada noche antes de acostarte y al temblor del cuchillo en tus dedos cuando cortaste una lámina encendida de mi rostro.  Lo siento, repetías, pero ya está oscureciendo y no tengo manteca. La necesito para freír todas mis vidas afligidas.

Me invitaste a pasar. Olía a grasa el claroscuro de la cocina, saltaban en los platos huevos henchidos como soles y ásperas almendras.

Puse un mantel de andrajos y comimos hasta saciarnos. Fue un momento perfecto. Después besé tus labios manchados de vida amarilla y la pared se abrió. En la lejanía se inclinaban los árboles mendicantes y agitaban sus hojas para saludarnos.

¿Puedes regalarme tu otra mejilla? – preguntaste.

Soy el Sol Mendigo: Puedo.

(de La espalda es frontera)

 

 

UNA MESA EN LA ESPESURA DEL BOSQUE

La mesa está puesta para tres

como si tres fueran todas las personas

que pueden comer en una mesa

y no existieran más números ni sillas.

 

¿Pero qué pueden comer esas tres personas?

¿Carne ingrávida?

¿Carne sonora

para sus tres bocas dibujadas con tiza?

Ellas no hablan

solo comen

y derraman en el mantel que pasa sin fin todo su hambre.

 

Truenan las nueces y sacuden sus tesoros

que son ojos o dientes

tiembla la carne

y hace gritar a la madera

crece espeso el humo y cubre las paredes del aire.

 

La mesa está puesta para tres

como si tres fuesen las personas

que justifican una mesa.

 

Nada es más difícil

ni irreal

que verlas con los labios manchados y ansiosos

comiendo todo el día.

No a una persona sin remordimientos que soy yo

ni a dos que eres tú

sino a tres golpeando los cubiertos

en una gruesa música de hierro.

 

A ustedes, tres personas, les sirvo esta iniquidad:

vuestras bocas son un negro bosque

para perderse

una espesura de árboles decapitados.

(de Una mesa es la espesura del bosque)

 

Antena

caminas por el borde del mar tocando con tu mano izquierda la pared herida de salitre

¿has pensado por qué lo haces?

tal vez la pared y el mar así lo han decidido y eres su instrumento

tal vez eres el único ser vivo en este malecón que no avanza ni retrocede y estás detenido en la pura cornisa observando cómo te acercas por la playa con un bastón metálico en la mano

lo clavas en la orilla porque es una antena y empiezas a transmitirle a unos imperdonables oídos futuros

que tienes que estar aquí sosteniendo con la mano izquierda la pared y con la derecha el mar vacío

pareces una isla en la que quisiera, casi dolorosamente, retirarme a vivir

pareces el ojo entreabierto del cielo que empieza a sangrar

(de La espalda es frontera)

Carlos López Degregori nació en Lima, Perú, en 1952. Licenciado en Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Perteneció al grupo La sagrada familia. En la ciudad de Lima, ha publicado los poemarios: Un buen día (Ediciones La Sagrada Familia, 1978); Las conversiones (Universidad de Lima, 1983); Una casa en la sombra (Instituto Nacional de Cultura, 1986); Cielo forzado (Seglusa / Colmillo Blanco Editores, 1988); El amor rudimentario (Asociación Cultural Peruano Japonesa, 1990); Lejos de todas partes (Universidad de Lima, 1994); Aquí descansa nadie (Editorial Colmillo blanco, 1998), y otros títulos como Una mesa en la espesura del bosque (2010) y  La espalda es frontera (2016).

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Gociterra- Lecturas móviles (Mateo Díaz)

Gociterra emprende la búsqueda de testimonios creativos y pretende ser vehículo de viajes de la palabra poética. Su propósito es extender lazos y plantear la posibilidad de la escucha y del intercambio literario.

Este primer volúmen es una muestra en curso configurada por voces de la poesía peruana contemporánea.

Mateo Díaz nos lee Libro de la enfermedad (2015) y un poema inédito.

 

SIN HABER SIDO invocada, la claridad ha descendido sobre el campo y reside entre las corolas de los arbustos.

No ha necesitado del destello del rayo, tan solo se reconoce por las sombras bien trazadas de la enramada.

Ante su luz, las cosas se vuelven evidentes: las manchas sobre la piel de los cerdos, el grito recurrente de las gallinas y el barro que respira como un animal vivo.

Entonces el ojo cansado encuentra el reposo del colibrí, la anchura del estanque herido en el reflejo.

Ver sin el velo es aceptarlo todo: he aquí un hecho que no podemos explicarnos.

Así como ha venido, del mismo modo se retira y vuelve a escucharse el sonido hueco de las palabras.

 

Elogio de los caminantes

 

III

 

Incinerada la tierra, abierta

La vaina chamuscada y despojada del fruto,

Lleno del hervor del mediodía el aire

Vespertino; pero prendidos nuestros cuerpos,

Cargados de la luz que baja de lo alto y

Poseídos por el fuego que es hálito fugaz,

Aliento más veloz que el vértigo

De la nada, vueltos nuestros huesos

Brasas y los ojos llamaradas

Hasta henchirnos de transparencia:

Así tu tiempo, canícula; así la estación de la trilla

De la cosecha humana. Hace tres noches

Que el sol nos marca desde el cenit;

Iluminando en el día el espejismo de lo venidero,

La llaga incolora del futuro, el ojo abierto

De la sibila, el ojo por donde mira y se mira

El insomnio de la razón;

Y, cuando descienden las sombras,

Cautivando su llama en vaso más frágil,

El receptáculo de nuestra arcilla, ceniza

Azuzada por la hoguera que es tiniebla.

 

Esta mañana hemos encontrado entre la arena

El hueso blanquísimo de una ballena

Y recordamos el peso que inclina al hambriento,

Los naufragios de incontables diluvios

Perdidos entre los pliegues de la historia.

(Los antiguos hombres que poblaron estos arenales

Conocieron el desierto que se extendía

Como una lengua sedienta, horadada

Por las piedras salitrosas. El silencio

Que sucede al rapto del viento tampoco

Les fue desconocido, pero entendieron

Que la certeza de la voz les sería vedada.

También ellos tosieron y mancharon de sangre

La arena que ahora pisamos, y por eso

Soñaron con bocas abiertas y presagios de lluvias).

 

Canícula, hemos venido por este camino

Persiguiendo el agua dorada que nos huye,

La vida que se precipita y que no alcanzamos.

La fe es una ofrenda más pobre que los fósiles

Pulverizados: ya nadie cree en el felino,

Sino por su colmillo abierto; en la serpiente,

Sino por su lengua abierta; en el hombre,

Sino por su mano abierta.

Danos al menos la tierra

Para esperar la gota que nos consuma

Y así ser piedra, recinto donde

Podremos arder

Y permanecer.

 

(de Libro de la enfermedad)

 

***

Fiat tenebris

 

En el principio, todo luz, haces intensos que cubrían cada partícula del universo. Brillo terrible cuya omnipresencia se fundía con el exterior, aniquilando todas las cosas: sonido o silencio luminoso, tacto que se difumina en ardor, ceguera donde no existe la palabra. Y un mundo detrás de todo ello, inédito aún, dispuesto a cobrar forma; metales, páramos, fuentes: la vida sepultada en una tumba de incandescencia.

De pronto… el que Es, arrojando sombra a su paso, dador del remanso de la noche.

Y la Creación se hizo cierta ante los ojos.

(inédito)

 

Mateo Díaz Choza (Lima, 1989)

Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado los poemarios Av. Palomo (2013) y Libro de la enfermedad (2015), además de ser coeditor de Recitales Ese puerto existe. Muestra poética (2010-2011) (2013). En el 2013, obtuvo el primer lugar del Concurso de Poesía – Juegos Florales de Barranco.

 

Gociterra-Lecturas móviles (Paulo Peña)

Gociterra emprende la búsqueda de testimonios creativos y pretende ser vehículo de viajes de la palabra poética. Su propósito es extender lazos y plantear la posibilidad de la escucha y del intercambio literario.

Este primer volúmen es una muestra en curso configurada por voces de la poesía peruana contemporánea.

Paulo Peña nos comparte fragmentos de Cada ventana tiene su propio cielo (Paracaídas, 2013)

Cada ventana tiene su propio cielo

(fragmentos)

Estoy en mi habitación, rodeado por mis cuadernos de apuntes, mis esquemas de trabajo y un gastado fascículo perteneciente a una de las tantas ediciones del diccionario Larousse. Una antigua promoción comercial permitía contar con la enciclopedia completa, siempre y cuando se comprara cierta revista que salía cada semana. Mi padre fue quien se encargó, con diligencia admirable, de reunirnos la colección. El fascículo se trata en realidad de un cuadernillo con el lomo empastado y que como seña más llamativa tiene una serie de minúsculas manchas de color marrón que reviste el borde de sus páginas. Si lo abro, noto de inmediato que el margen utilizado por las palabras y sus significados los mantiene a salvo de la especie de aureola amarillenta que ha crecido desde aquellas manchas. No puedo quitar la mirada de la franja formada entre el margen de las palabras y el borde de la página. No sé explicarme el porqué de este gesto. Aunque luego caigo en cuenta de que se debe a que estoy contemplando, en todo su esplendor, el único y verdadero reino de los hombres. Es decir, el espacio sobrante en el que vivimos: entre lo transitorio y lo inexorable. Entre el conocimiento que durante siglos hemos ido adquiriendo, atesorando y continuado heredando; y el desconcierto que nunca ha cesado de provocarnos la permanente presencia del tiempo.

Aunque ocurra de forma casual, sea en el lugar que sea, y más allá de que dure solo por un breve lapso, al toparme con la conversación de dos desconocidos, quiéralo o no, ciertas palabras terminarán invadiendo mis tímpanos. Si pretendo entender su sentido, y así consigo encontrar en ellas la respuesta o la solución a mis dudas no dichas, entonces serán como aquellas semillas que al invierno sobreviven bajo tierra y logran germinar porque a tiempo las alcanzó el calor de la vida. Su fruto azaroso me sosegará. En cambio, si pretendo entender su sentido, tan sólo prendido por la curiosidad, deberé tener la pericia de sujetarlas cuando en su viaje de esquirlas atraviesen mi campo de percepción, para que así, lo más pronto posible, determine su tono y destino. A veces lo consigo, a veces no.  Cuando creo que sí, me satisfago por haber empuñado —metiendo la mano a ciegas en un estanque fangoso— una preciosa serpiente: el sentido. Pero cuando descubro que no, me doy cuenta que sólo he cogido la piel —una lámina viscosa y oblonga— y que la serpiente, suelta en el agua que comparte conmigo, no sólo está dispuesta a escapar de mi presencia.

Paulo César Peña (Lima, 1986)

Ensayista e investigador literario. Fue fundador y director de la revista de ensayos ‘Estereograma’. En 2013, publicó el libro de prosas breves ‘Cada ventana tiene su propio cielo’ y, en 2015, el ensayo ‘1945: Jorge Eduardo Eielson, vida y canción en Lima’, ambos con Paracaídas Editores. Asimismo, en los últimos años, ha estado a cargo de talleres de escritura creativa y ha escrito artículos y reseñas sobre poesía peruana en revistas especializadas.

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Gociterra-Lecturas móviles (Lucho Chueca)

Gociterra emprende la búsqueda de testimonios creativos y pretende ser vehículo de viajes de la palabra poética. Su propósito es extender lazos y plantear la posibilidad de la escucha y del intercambio literario.

Este primer volúmen es una muestra en curso configurada por voces de la poesía peruana contemporánea.

Lucho Chueca comparte con nosotros poemas de Ritos Funerarios (Colmillo Blanco, 1998) y Contemplación de los cuerpos (Estruendomudo, 2005)

Retrato de Taboga (ii)

Taboga descansa en el reverso de la navaja; su cuerpo

resbala por el filo ardiente,

turbio,

de esa forma inverosímil

de ese urgente grito

que repele toda apariencia de armonía.

 

Descansa

y su figura se arruma, se hace

nudo, ovillo, núcleo, nuez; y nuevamente

extiende su volumen.

 

Taboga disfruta del filo despreciable del cuchillo,

del bruto extremo que hinca y aprisiona,

del dolor que seduce

mientras suavemente perfora los costados y

encanta con su sonido agudo,

nervio, sordo,

que engaña como un sueno

romo y repetido.

 

Su figura se expande nuevamente

y cubre los extremos de la

hoja:

            el anverso

            y el reverso

de la desesperación.

 

Taboga se acerca al borde del abismo,

del minúsculo abismo donde todo desaparece y deja de existir,

donde toda fuerza se abandona entumecida

y ya no queda nada de lo que sostenerse.

 

Nada

ni el mismo abismo al que se arroja.

DE Ritos funerarios (Lima: Colmillo Blanco, 1998)

 

Documental

Un video narra las horas finales de Pompeya en el año 79 dC. Explica el arqueólogo que el motivo de la muerte de sus habitantes no fue la lava del Vesubio sobre los cuerpos, sino el contacto de estos con una temperatura superior a los 500 grados. “La coloración rojiza hallada en algunos cráneos es una particular incógnita. Podría ser el cerebro que comenzó a desbordarse previamente a la explosión. El calor fue tan intenso que puso a hervir el cerebro antes de estallar”, anota fríamente.

Ensayo esa misma frialdad documental en este poema y añado, sobre acontecimientos más cercanos: “Lo que quedaba de los cuerpos fue entregado a los familiares en cajas de leche Gloria. Poco antes se hallaron, enterrados, camino a Cieneguilla, restos de un maxilar superior y cinco dientes, el cráneo de una mujer con un agujero de bala, retazos de un pantalón calcinado y un juego de llaves, que permitió identificar a las víctimas y seguir la pista de los cuerpos embolsados”. O transcribo, en un nuevo giro, el comentario de un marino que explica que, a diferencia del Ejército, en su arma a los detenidos “los matan desnudos para que no los reconozcan, ni sortijas ni aretes, ni zapatos ni ropa interior. Y las prendas las queman”.

Ni un asíndeton he tenido que inventarme. Tampoco imágenes o la contraposición.

Me pregunto si hay algo que aumentar en este poema.

***

Contemplación de los cuerpos

Visiones nebulosas y constantes

transcritas en una lengua que no se deshilvana

aunque debiera

ni masca su carne hasta el espanto

Y entonces cómo escribir si el hálito de vida

se adelgaza violentamente

cómo no perder la voz o hundirme

en la locura

cómo pretender que la armonía reorganice la existencia

si el verbo exacto es solo engaño ante la muerte

montada sobre el lomo

sin embargo aspira la certeza de los póstumos latidos

dibuja sobre tu piel las marcas de los cuerpos contemplados

y   canta    canta     canta

que el canto redime del horror

y de la fría voz de la impaciencia

acaricia el pecho desgarrado

el cuerpo canceroso

el agujero en el omóplato

como al desvelo de un sexo que se hunde sobre otro

en la más extrema perfección

golpea        rasga        desentierra

o arráncate los labios

pero canta

DE Contemplación de los cuerpos (Lima: Estruendomudo, 2005)

Luis Fernando Chueca (Lima, 1965)

Ha publicado los poemarios Rincones (Anatomía del tormento) en 1991, Animales de la casa en 1996, Ritos funerarios en 1998 y Contemplación de los cuerpos en el 2005. Está incluido, entre otras antologías de poesía peruana, en La letra en que nació la pena (1970-2004)  (Lima: Santo Oficio, 2004), La mitad del cuerpo sonríe (México: FCE, 2007) y Fuego abierto (Santiago: Lom, 2007). Estudió Literatura en la U. Católica del Perú, donde también cursó una maestría. Se doctoró en Literatura en la U. Católica de Chile. Actualmente ejerce la docencia en la Universidad de Lima y en la PUCP. Entre sus trabajos sobre poesía peruana están Umbrales y márgenes. El poema en prosa en el Perú contemporáneo (U. de Lima, 2010) y Espléndida iracundia. Antología consultada de la poesía peruana 1968-2008 (U. de Lima, 2012), escritos junto con Carlos López Degregori, José Güich y Alejandro Susti, además de la edición de Poesía vanguardista peruana (PUCP) en el 2009. Fue coeditor de Odumodneurtse, periódico de poesía y de la revista Intermezzo tropical.

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Gociterra-Lecturas móviles (Luz Ascárate)

Gociterra emprende la búsqueda de testimonios creativos y pretende ser vehículo de viajes de la palabra poética. Su propósito es extender lazos y plantear la posibilidad de la escucha y del intercambio literario.

Este primer volúmen es una muestra en curso configurada por voces de la poesía peruana contemporánea.

Luz Ascárate nos lee poemas inéditos.

 

 Plegaria

Y el hombre dijo:

hágase el poema

y todo fue malo.

El señor es mi pastor, nada me falta

no me faltan el hombre ni la muerte

la miseria o el infortunio

el señor me acompaña

en el cadáver de mi madre

en su cáncer y su destajador

¿qué me puede faltar?

 

En la risa maliciosa de mi verdugo cuando soy la esclava de 5 años,

el señor está.

Y en los ojos de esa mujer hambrienta que se traga a su feto,

el señor está.

Y en el feto que nació en un basurero,

el señor está.

 

Oh señor, una palabra tuya, la de la meretriz golpeada y el asesino culpable

bastará para sanarme

la del niño filicida, la de cura pederasta

tu palabra es mi verdad, rocíame con la cura de tu verdad

 

y habitaré en la casa del señor

por años sin término.

 

Identidad

“Samain diría el aire es quieto y de una contenida tristeza.

 

Vallejo dice hoy la Muerte está soldando cada lindero a

cada hebra de cabello perdido, desde la cubeta de un frontal,

donde hay algas, toronjiles que cantan divinos almácigos en

guardia, y versos anti sépticos sin dueño” (Vallejo).

 

Nosotros  no decimos            solo     somos              los que al hablar emiten ruido        y al estarse como en un bulto en el vientre de una madre fantasma       a los que nos ocultan           de tu madre y de tus hijos              los huérfanos castrados         los hombres últimos           los de la transición      y         los que ya no odiamos porque    entonces habría que odiar nuestras propias manos      a nuestros padres e hijos     y para eso          no nos alcanza el corazón ni el aire            no estamos orgullosos de nuestra no palabra              no hemos elegido tal fortuna.

 

Nos quitaron la salvación             porque somos muchos           alguien dice en tiempos que me hacen mucho frío más me faltas         le responden yo quería ser poeta, por eso guardé silencio              otro dice he encontrado la máquina del movimiento perpetuo      le responden los cuerpos somos diferencias e infinito                    B dice las palabras hacen el amor aunque procedan de la boca de las sombras                    le responden he encontrado la máquina del movimiento perpetuo.

 

Silencio

detrás de los cerros

el pishtako

se alimenta como una máquina

ruidosa ignota colosal

de nuestros sueños

 

donde la tierra es toda mala y olvida

gritamos a veces

pero nadie nos escucha

nadie ya nos quiere y abraza

hemos olvidado a nuestra madre

y el lenguaje de las piedras

 

el pishtako

dice que sólo somos ruido

 

cuando nos encuentra de noche

nos llama ruido

cuando camina por las calles

y sube a sus edificios

y prende su máquina de nombrar

nos llama ruido

 

ruido ven para darte nombre y voz

nos dice

y al instante nos destaja

 

así hemos vivido jóvencita séñorito

hablando al silencio

 

evocándolo

como se evoca lo que

se necesita y hiere

 

la cara me la quemaron todo

no encontré mi familia

 

gritando al silencio

como lo que yace

en donde no se mira

 

y me desgajaron el vientre

desde entonces ando en silencio

 

y al silencio

el relato de nuestros llantos

 

en los cerros más altos

en sus rocas más grandes

se esconde

 

el pishtako

 

su “expresión mística

es un estímulo más del pensamiento” (Novalis)

por eso

gritar al silencio

 

porque cuando al silencio volvemos

únicamente cuando tenemos miedo

únicamente cuando el miedo es hermoso

el silencio nos descansa

 

en nuestra colección de recuerdos tristes

pues “toda verdad es antiquísima” (Novalis)

en el silencio.

 

Luz Ascárate (Callao, 1989)

Magíster y doctoranda en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Actualmente es docente de la misma casa de estudios e investigadora del Museo del Hospital Víctor Larco Herrera. Ha publicado diversos artículos y poemas en revistas académicas. Finalista en el concurso nacional de poesía COPÉ 2013, ha participado en distintos eventos de poesía.