Fragmentos al poeta desconocido

1

un poema para un conejo de orejas largas

conoce el papel washi de oídas

lo acaricia en el ocaso

cuando le parece ver las contorsiones

de la fibra de morera

o un brillante pelaje en la maleza

un poema para un conejo de orejas largas

sueña con la aviación o los hipódromos

nunca al mismo tiempo,

las alturas o lo terráqueo

siempre esa vocal ondulante

ojerosa omnisciente

eliges o terminas suculento

patas de la suerte

o arriba o abajo

a veces conejo de tinta en pleno brinco

suspendido en la línea roja del horizonte

a veces poema de largas ojeras

en caza de raíces con sus ávidas uñas

merodea los frutos de la tierra

un poema conejo en la boca

de una señorita

y esos mensajes de madrugada

¡ahhh, el correo contemporáneo!

las orejitas necesitan reposo

agua tibia y días de sol

pero es inevitable a todas horas

llegan los tréboles arial 12

y un tic tac tic tac tic tac

de la hora del té

al intacto reverso de las orejas

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3

Un corte en el tejido

da el tono exacto

de la sustancia

brillante en el filo

que se acaricia

cae

bailamos desnudos sobre la cost(r)a

no se rasgará la pupila

ni se engullirá este párpado abierto

solo la errancia en campo magnético

el ojo que crece entre corteza y corteza

5

yo tenía la costumbre de seguir tus pasos uno tras otro

como quien encarna su gravedad en otro cuerpo

la menuda arena enredaba nuestros pasos

bebía tu sed antes de hacerse pozo seco tu garganta

íbamos con tus ojos llenos de furia

amenazábamos al vacío con engullirlo

respirábamos con la misma agitación

y pulíamos un espejo enrojecido

afilábamos su hambre

para que agrietara todo regreso

hoy puedo con mi brasa quemar tu frente

que no es tuya que no es mía

porque siempre somos más que esta carne apretada a estos huesos

tú mi carne yo tus huesos que son carne que son lluvia que son sal

caminando vamos entre la bruma siendo indivisibles indestructibles

destruidos ya

con esta herida que equidista de cada ser desde su centro

de cada cadáver desde su centro de cada sombra de cada temblor de cada grito

6

El poeta en la cárcel soñando con el mar,

espasmo en vilo señala con su humo

el lugar, cráter ensimismado.

He tenido sueños con el Moscova

y su cauce lento devorando la ciudad.

Tu piel poeta de trigo,

tu pregunta en el ojo de la aguja

sostiene la vigilia.

 

Fue domingo en las claras orejas de mi burro…

                                                             

Yo, esos tímpanos azules, las calles zigzagueantes, la miseria descascarándose a cada minuto, una moneda, dos monedas, tres monedas desgañitadas, los pies metales, el concreto, y ¿lo abstracto? (todavía, la carne lo sitia, lo asfixia). Los ajenos van al sol (oxidado o recién nacido, invertido si se quiere, o lo miras de frente o te escondes), y sobre todo esos pasos, pie contra pie sobre el lomo azul, sobre mi espasmo hacia la desaparición … ¿color?¿nombre? ni un tono, a lo mucho sombras vibrantes, tropiezos de la sordera.