A propósito de la reciente publicación de la Revista Cultural y Literaria Estepario Número 14

ESTE

La Revista Cultural y Literaria Estepario, bajo la dirección editorial de Alberto Chavarría Muñoz y el respaldo del Movimiento Literario Dos Amarus, constituye un esfuerzo de gran valor para la difusión de las artes y el conocimiento en Huancayo y el Valle del Mantaro desde hace trece años. Este número trae ilustraciones de Wilfredo Salazar Gonzales y un contenido rico en ciencia, cine, literatura y arquitectura. La editorial señala la necesidad de reflexionar sobre el campo de acción de la cultura y su relevancia en la sociedad: “si las políticas económicas del país y las regiones asumieran la diversidad productiva entre las cuales están los procesos culturales, ya no se vería al sector cultura como gasto, sino como inversión que genera riqueza, puestos de trabajo y defiende la libertad creativa y de ejercicio de derechos de los pueblos” (3). Contra todo prejuicio respecto a la improductividad de la cultura se contrapone su lugar inalienable en los intercambios que configuran el desarrollo diario de la sociedad: “La cultura aporta mucho, con su diversidad, a la democracia y no parece justo que la democracia se olvide de ella o, lo que es peor, la denigre o margine” (3). Esta publicación no sólo señala la urgencia de que se reconozca un espacio prioritario para la cultura en la agenda gubernamental, sino que con su propia existencia afirma su intervención activa en los debates sociales y artísticos del Valle del Mantaro contemporáneo. A continuación haré un comentario general sobre el contenido a manera de una invitación a la lectura.

En la sección ensayística, Máximo Orellana en su artículo sobre la Casa Vera ofrece un acercamiento a la modernización arquitectónica vista por sus creadores desde un hacer contemporáneo que dialogue con las necesidades empíricas del medio Huancaíno, destaca el invaluable aporte de Carlos Udánegui, autor del concepto y propuesta arquitectónica de esta construcción, dejó para las futuras generaciones.

Por su parte, Alberto Chavarría nos presenta un ensayo sobre la esfera pública cultural y su formación en el contexto del Valle del Mantaro. Apunta sus orígenes conceptuales y los ámbitos sociales que la sostuvieron sobre todo en la vida independiente de la república. Hace un especial acercamiento al lugar que tiene la esfera pública vista desde lo cultural para el bienestar de la sociedad: “La cultura entendida como tejido simbólico que promueve el desarrollo humano, en realidad, está asociada al bienestar individual y social. Ello implica mejoras en la economía, la política, lo ecológico, lo social, lo jurídico, lo contextual y lo espiritual” (8). En ese sentido, un ejercicio del derecho a la cultura requiere un soporte multisectorial al desarrollo de las diversas industrias culturales. Hace falta para este objetivo que el estado fortalezca las mediaciones necesarias para la difusión y el intercambio cultural.

Respecto a sus percepciones sobre el ámbito tecnológico, Wari Gálvez advierte sobre las modificaciones conductuales a las cuales la tecnología, sobre todo, el acceso a nuevos softwares y programas informáticos viene transformando la interacción del ser humano, su creatividad y los medios electrónicos. Hace énfasis en el cambio respecto a las respuestas a la información, cada vez más accesible en formas efímeras y respecto a transformaciones en la creación musical y visual. Su visión muestra un escepticismo hacia ciertas modificaciones tecnológicas que han alejado acercamientos manuales o más artesanales a la producción del arte y el conocimiento.

Ariel Marzal hace un recuento de los poetas representativos de la generación 2000 de origen huancaíno y suma a sus comentarios una muestra audaz de los diferentes registros de: Artemio Julca (Huancayo, 1977), Hugo Velazco Flores (Huancayo, 1986), Joe Delgado Rodríguez (Lima, 1977 ), Albert Estrella (Cerro de Pasco, 1985), Jim Ramos (Huancayo, 1980), Elio Osejo (Lima 1976), Max Espinoza (Jauja 1980),  Antonia Sabina Gutarra Sinchitullo (Huancayo, 1991), Daniel Mitma, Graciela Ramírez, Julio Cajahuanca, Adrián Chávez, Paulo Gonzales, Roberto Salazar, Gabriel Tiempo, Elmer Vega, Carlos Calle, Jaime Bravo Gaspar, entre otros. Las poéticas son múltiples, entre el lirismo y la rememoración poética de los años de violencia. Esta muestra refleja la vitalidad literaria del Valle con una vocación informativa que puede abrir puertas a mayores investigaciones.

Óscar Orihuela nos presenta reflexiones desde la lingüística respecto a la conservación del quechua wanka. Desde su posición la preservación de esta lengua (más precisamente variedad lingüística) debe hacerse. Según su posición es una forma de prevenir un colonialismo lingüístico que es paralelo a la marginación y el racismo. También denota un gesto de protección no sólo cultural, sino material de los usuarios de la lengua y su pasado.

Yhon León-Chinchilla escribe sobre el deterioro que el nevado de Waytapallana viene sufriendo, comparte un registro fotográfico captado en las fiestas de alakuy o pagapu (ritual de agradecimiento) del año 2008 y 2010, donde se ve claramente el proceso de deshielo. Es en suma un llamado de alarma frente a una huella evidente de los riesgos medioambientales que atraviesa el Planeta y el Valle del Mantaro.

En una nota que se retoma del archivo de la Revista Caretas, Luis Jochamowitz hace un recorrido por la trayectoria de Zoila Augusta Emperatriz Chávarri (1922) rebautizada artísticamente como Yma Súmac. El artículo hace énfasis en las transformaciones que la cantante tuvo que incorporar a su estilo, desde una simulación de lo autóctono andino, hasta los ajustes que el público de Hollywood requería. El tono del artículo es rigurosamente conservador y concluye que: “Yma Sumac sería entonces una adelantada de esa estrategia nacional de dejar de ser lo que se ha sido, para recrearse desde una aparente nada. Ese vacío que hay que llenar le dio la oportunidad de mezclarlo todo, con resultados creativos no vislumbrados del todo. Ella sería la temprana y viva imagen de un ser que no termina de formarse, que ha perdido algo, o mucho, con la inmolación de su propio pasado, pero que aguarda recuperar por centuplicado todo lo perdido en un futuro dorado” (21). Esta conclusión es sumamente interesante dado que, por un lado, pone en claro el nacionalismo como un recipiente vacío que se llena en función de intereses, en este caso, comerciales; pero, por otro lado, percibe la creatividad que implica el acto de llenar ese espacio. Lo que más le parece incomodar al autor del artículo es la artificialidad de lo que se vende como autóctono para ajustarse servilmente a los intereses de capital extranjero; sin embargo, cabe la objeción de una vez identificada la dimensión ficticia de esa identidad autóctona “para el mundo”, no se requiera reconocer los alcances creativos a los que da lugar. Por mi parte, considero que el virtuosismo de Yma Súmac no se hallaría en su representatividad nacional o étnica, sino en el genio constructivo de su personaje.

Carlos Calle hace una nota sobre Fernando Vallejo, La virgen de los sicarios (1999), y la violencia en el país vecino de Colombia y hace énfasis en la dimensión anarquista de la novela.

Enrique Palacios se explaya sobre la Relatividad y expone sobre el concepto de las tres dimensiones espaciales, con un lenguaje gráfico y creativo, en la que la teoría se desdibuja para dar lugar a la ficción con gran destresa.

Rodrigo Salvador hace una reseña sobre la Cofradía Artística En Blanco, agrupación cultural fundada en el 2006 por, en ese entonces, jóvenes universitarios de Universidad Nacional del Centro del Perú. Entre sus integrantes en los años iniciales figuaron Rodrigo Salvador y Freddy Maldonado, y Luis Mamani. Entre sus actividades se enumeran sketchs, música, poesía y cuentacuentos. Sus reagrupaciones y nuevos impulsos a lo largo del tiempo son testimonio de un trabajo entusiasta por la cultura que se revitaliza con el transcurso de los años.

En la sección de crónicas, Max Beraún Pérez realiza un acercamiento al significado del apu, sus representaciones y su relación con la piedra en el pensamiento de la etnia Q’eros, localizada en el Cusco. Por su parte, Balsac Montes López escribe sobre la percepción de la sociedad americana y la vida del migrante en relación a su viaje a Estados Unidos en el año 2000.

Informar sobre la viva, tiene el deber de rescatar memorias. Por ello, Lia Pau hace una rememora la personalidad y el trabajo del actor y músico de origen cusqueño, Roger Jerí.

Del lado de la crítica de cine, Wari O. Gálvez Rivas hace un minucioso comentario y análisis de la película peruana Wiñaypacha, primera película en aymara dirigida por el joven cineasta peruano óscar Catacora.

En la sección creativa, se publican cuentos de Elmer Vega, Elías Marcel, Jefferson Gómez, Donny Yuri, Víctor Suárez, Danny Dominguez y Eduardo Víctor Huayanay. Mientras que Aroldo Egoávil recuerda el origen del río Cañete en una leyenda. Además, se añaden grabados de J.J. Granville de mediados del siglo XIX, que muestran una aguda visión entre el mundo humano y animal, en el que el segundo parece servir como medio de interpretación de la vida cotidiana humana. En la sección de poesía, se muestran poemas de múltiple factura. Son poemas introspectivos, reflexivos, líricos y narrativos de la pluma de: Luis Indias, César Luis Rivera, Yadira Coz Tadeo, Maribel Jessica Hinostroza, Ethel Barja, Clare Trilce, Joe Delgado, Patricia Tauma, Jesús Vega Prialé, Enrique Caro, Diego Rojas Arias, Ariel Marzal.

 

Bildergebnis für grabados de J.J. Granville

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