Month: January 2018

alba.lateinamerika lesen 10

alba

La  décima edición de la alba.lateinamerika lesen reitera su compromiso con promover el diálogo entre las letras alemanas y latinoamericanas. En esta ocasión, celebra los intercambios culturales entre Alemania y México, y se presenta como una plataforma móvil que atraviesa tiempos y espacios con el fin de motivar una visión crítica. Al instalarse entre lenguas (español, portugués y alemán) y geografías, supera la visita rutinaria a tradiciones literarias constreñidas por límites nacionales. En consideración del poema de Rodolfo Lara que apunta que la conformidad de la visión continua no se detiene “hasta que un sublime accidente nos devuelve/ aquel brillo en la mirada que promete/ la continuidad del temblor” (5), puede decirse que alba pretende ser una corriente sísmica que toma por asalto al lector para entrar en contienda con él. Esta actitud dialéctica se apoya en asumir que el lector no es una entidad pasiva, pues como indica  el discurso de Yuri Herrera reproducido en alba: el lector “es un número cero cargado de posibilidades” que amenaza con convertirse en otra cosa. Los textos convocados son una invitación a  abrazar una novedad en devenir que sólo se advierte en la fricción de su diversidad.

Christiane Quandt recuerda la fascinación con la radio del Estridentismo, movimiento vanguardista mexicano. Con ello se exalta la potencialidad creativa de la distancia y los métodos para sortearla productivamente. La fascinación de Manuel Maples Arce, Germán List Arzubide, Arqueles Vela, entre otros, con interconexiones en diferido resuena con el paisaje emocional y reflexivo de los poetas Rocío Cerón, Maricela Guerrero, Reynaldo Jiménez, Paula Abramo, Rafael Cadenas, Yolanda Patin, Xitlalitl Rodríguez.  Asimismo, se incorporan cuentos de gran fuerza imaginativa, de tono sobrio y ágil de los escritores Juan Pablo Villalobos, Ana García Bergua, Magela Baudoin, Ignacio Padilla y María del Carmen Pérez Cuadra.

La revista no sólo ejecuta una invaluable mediación con un impecable trabajo de traducción en su presentación multilingüe, sino que hace memoria de quienes precedieron los intercambios entre la literatura latinoamericana y el escenario cultural alemán. Así, incorporan las impresiones sobre el muralismo mexicano de  Anna Seghers, escritora alemana que se exilió en México ante la amenaza del Nazismo. Por otro lado, Douglas Valeriano Pompeu rememora el trabajo de traducción de Carl Heupel con textos cruciales de Octavio Paz. Destacan también las entrevistas al escritor brasileño Luiz Ruffato y a la escritora Guadalupe Nettel.

Finalmente, debe anotarse el cuidado gráfico de esta publicación que incluye trabajos de Victor Alejandro Gómez Esquivel, Samantha Leiva, Raúl Ballesteros, Fede Tauss, Omar Alonso, Andrés Barthel Agostino, Vincent Díaz Negrón, Andrés Rafael Castillo Garzón, Diego Castillo, Daniel Hache.

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él preguntaba a la gente

por la aritmética

de su pesar

y ofrecía agua clara

en el temblor de sus manos

 

la noche peinaba sus pies

para guiar otros pies

mezclaba dos lenguas

una era su oración

la otra su música

 

el humo de su cigarro

era un emplasto

para mi herida de metro

de velocidad y eclipse

 

él era equilibrista

en el umbral malva

de cada tarde

entre la plaza Alex

y los confines de Prenzlauer Berg

colocaba sus plantas saladas

sobre la estela fina

que ondeaba en lo alto

 

allí mi equilibrio abrió los brazos

a su falla interior

beso en la grieta

libre ritmo rojo

una quemadura

en la mejilla del cielo

La labor del telar: Sobre Poesía civil/Zivilpoesie de Sergio Raimondi

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Poesía civil / Zivilpoesie (2017) de Sergio Raimondi, recientemente aparecido en traducción al alemán por Timo Berger, desafía el lenguaje lírico para internarse en los intersticios de la combinación de lenguaje poético, lenguaje informativo, histórico y científico. Su objetivo es anclarse en un registro realista desde una óptica poética. El realismo de estos versos debe entenderse como la voluntad de la poesía por hacerse ciudadana de la circunstancia que la alumbra, que le permite visión y la hace visible. Asimismo, esta escritura rechaza una actitud que se conforme con señalar la experiencia; en cambio, somete su acción y dicción a la imágen poética, cuyo soporte es el pasado vivo del verso: “Suyo el artificio, en fin, de que el verso/ existe porque en algún lado se vivió,/ no de que el verso es la vida y lo intolerable” (62).

Además, la denominación “poesía civil”, indica una poesía sin protocolos estandarizados, que surge de la impresión cotidiana focalizada en la especificidad de la acción humana y su trabajo. Así, el mar, por ejemplo, tópico poético de larga data es referido en relación a cómo interactúa con el ser humano. De esta manera, el mar significa, al mismo tiempo, leyes de comercio, irregularidades en intercambios, redes, almacenes, operarios y su respectivo régimen alimenticio, tal como indica el poema “Qué es el mar”:
El barrido de una red de arrastre a lo largo del lecho,
mallas de apertura máxima, en el tanque setecientos mil
litros de gas-oil, en la bodega de bolsas de papa y cebolla,
jornada de treinta y cinco horas, sueño de cuatro, café,
acuerdos pactados en oficinas de Bruselas, crecimiento
del calamar illex en relación a la tempetarura del agua
y las firmas de aprobación de la Corte Suprema”. (30)

El ímpetu poético se nutre de la acción cotidiana, sin que esta sufra una alquimia lírica, sino que permite observar los recovecos del trabajo diario. El poeta no sólo se pone en guardia frente al lenguaje, sino también frente a la concreción de lo existente. Por ello, en un momento el poeta “decide dialogar con su mujer sobre un tema clave:/ la organización espacial y temporal de su labor,/ en la casa, luego del nacimiento del hijo” (60). Un gesto análogo de internarse en la naturaleza del trabajo explica el encuentro de un plomero con un poeta órfico. El plomero: “Ajeno a postulados etéreos, logra que el agua/ siga su curso y fluya en las canillas dispuestas” (54). Luego, se indica que su tarea depende del desperfecto que organiza el mundo: “Su idea del cosmos/ admite una irregularidad como principio, un azar del que, literalmente, vive” (54).

Para esta poesía la realidad no es evidente, requiere de un acercamiento que convierta los hechos en materia de decodificación y elaboraciones textuales, que, además, levante sospechas productivas sobre lo que se presume auto-explicativo en la superficie. Por esa razón, en comparación con la poesía, las estadísticas de embarque muestran sus limitaciones para el reconocimiento de sus habitantes:
Luz alta para los anteojos de Moisés S. Rodríguez
que barre de lado a lado banquina y alquitrán
y con la pala junta tosca, tierra, trigo y embolsa.
Eso no es un elástico doble de cama apoyado
sobre un tronco; es la zaranda con que distingue
lo útil de lo que también es útil pero menos.
Que piensa mentras con hilo grueso y la aguja
pasando a milímetros de su ojo clava y cose
otra bolsa de cuarenta kilos llena, la levanta
bajo el cartel en tiza VENDO TRIGO, desconozco. (80)

Los desconcertantes trazos impresionistas tejen una imagen que convoca la pregunta por la mano fuerte que caza día a día el medio de su supervivencia en el puerto. En este sentido, esta poesía se hace ciudadana al habitar su circunstancia. Se sitúa en Latinoamérica, específicamente, se localiza en varias ocasiones en Bahía Blanca, Argentina; se remite a reminiscencias históricas de dicho país, como a Sarmiento y Rivadavia; y, también, a la historia de la literatura como a Virgilio, Wordsworth, Pound, entre otros. La importancia de las huellas históricas sostiene una preocupación por el lugar del poema. De ahí que en “Shklovsky en diálogo con los productores de papa” se convoca, por un lado, a un prominente formalista ruso, quien pensó una renovación de la percepción en la poesía, que no sirviera para acceder a los objetos, sino a otra dimensión de la realidad indesligable de una desautomatización de la mente mediada por el lenguaje; y, por otro lado, a un productor agrícola que reflexiona sobre el lugar de su siembra:
Se podría objetar la impropiedad de demorarse
con atención ante un verso como ante una semilla,
pero si se considera que el examen de un poema
está ligado también a condiciones atmosféricas
particulares, suelos con gran porcentaje de óxido
de hierro, limosos arenosos o no, variedades
dialectales en uso, historia y recursos económicos
de la zona en cuestión desde donde se analiza y lee,
se podría comprender la necesidad de que Centros
o Academias de Investigación como fue alguna vez
la OPOIAZ, Sociedad de Estudios del Lenguaje Poético,
adquieran disposiciones de organización propias
de los institutos de ciencias aplicadas que poseen
un alto sentido de las características regionales,
tal el INTA que, dedicado a la tecnología agraria,
se presenta en varios sectores del país… (92)

El paralelismo entre agricultura y poesía conduce a pensar en la vida material del verso respecto a sus condiciones de posibilidad. Así, este libro plantea una original reflexión simultánea sobre la economía y la poesía, para la cual el método de escritura se sostiene en símiles que efectúan una doble iluminación de sus términos. Más allá de hablar figuradamente de la economía, el poemario establece una polinización cruzada del proceso económico y el quehacer poético. Por ello, en el poema “Poética y revolución industrial” se reevalúan los postulados formalistas de la desautomatización de la percepción a través de la poesía. De modo que el yo poético se pregunta por los rasgos mecánicos de la métrica. Sin embargo, se señala que la automatización en los componentes de la poesía no la disminuye; sino que, más allá de esa mecanización, la poesía es fruto del excedente de la combinatoria de sus patrones rítmicos. De tal manera que configuran su carácter irrepetible: “eso/ es energía de vapor de agua que se expande/ y vuelve a enfriar para explotar, y producir, más.” (12).

También, la mirada sobre la economía desde coordenadas poéticas ingresa en los fenómenos de importación y exportación comercial. Se iluminan las relaciones transnacionales de producción, desde los procedimientos de la metáfora. De modo que se destaca el carácter diferido de las interacciones en esta figura literaria para analogarla al llamado comercio multi-modal:
[manufactura de alto precio] elaborada en un privilegiado lugar del mundo
con insumos provenientes de una segunda parte
donde fueron producidos con materias primas
arribadas a su vez de otro país, menos costoso
y mucho más remoto, del planeta. La metáfora
es un tropo acorde a un seudo- desarrollo. (108)

De esta forma Poesía civil combina la óptica poética con la reflexión económica, sin perder de vista la especificidad de ambos elementos, y apuesta por la productividad de pensarlos simultáneamente. A partir de ese horizonte explora las coordenadas espacio-temporales de la palabra poética, como si nos asegurara que su materia prima atraviesa un mundo, cuyo jugo concreto alimenta un paisaje inédito:
No por insertar el cardo en el surco del verso
el verso se hará local, el tema no es el tema,
y cuando se habla de importación convendría
desagregar: no es lo mismo traer trilladoras
que tejidos de lana y algodón de Manchester,
porque si lo primero se justifica en nombre
de la imposibilidad de una producción propia,
lo segundo arriunaba los cultivos y artesanías
de antigua data y también, en el trac trac trac,
la canción que se cantaba en la labor del telar. (114)

En ese sentido, Poesía civil concibe la poesía como producto de un trabajo,
su música es la del lugar de su composición, es el telar y sus ruidos. Asimismo, la dimensión local del verso vela por la heterogeneidad de la historia que le da luz, y se ubica más allá de un localismo o nacionalismo que busca la utilidad de lo literario o la literatura en función de sus utilidades. Sólo desde esa perspectiva el territorio se abre en su contingencia; y el Puerto Piojo hace a un lado su presentación en función de la belleza y aparece como un paisaje con atributos que indican su pasado de sudor y miseria (“Pintores dominicales en Puerto Piojo”, 124).

 

Sergio Raimondi

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Nació en Bahía Blanca, Argentina, en 1968. Poeta, ensayista y docente. Formó parte del grupo Poetas Mateístas. Publicó Poesía civil (Vox, 2001; 17grises, 2010), editado también en Berlín, Alemania, 2005 y en Cáceres, España, 2012. Su obra ha sido publicada en numerosas antologías nacionales e internacionales. En 2007 recibió la beca Guggenheim por su proyecto Para un diccionario crítico de la lengua, del que se publicó un adelanto en Alemania (Berenberg, 2012). Ha realizado traducciones de Catulo (Catulito, Vox, 1999) y de fragmentos de Paterson de W.C. Williams (1998).

Como ensayista, ha escrito sobre las relaciones entre poesía, política y economía en relación a Sarmiento, Alberdi, Martínez Estrada, Urondo y Lamborghini entre otros. Desde 2002 es profesor de Literatura Contemporánea en la Universidad Nacional del Sur, donde actualmente dicta un seminario sobre las lecturas de Pound en América Latina. Entre 2003 y 2011 fue director del Museo del Puerto de Ingeniero White, una institución pública y comunitaria basada en un archivo de miles de relatos orales de los trabajadores de esa localidad. En 2011 fue nombrado secretario de cultura de Bahía Blanca, cargo que ocupó hasta 2014.