Gociterra – Lecturas móviles (Mariela Dreyfus)

Gociterra emprende la búsqueda de testimonios creativos y pretende ser vehículo de viajes de la palabra poética. Su propósito es extender lazos y plantear la posibilidad de la escucha y del intercambio literario.

Esta es una muestra en curso configurada por voces de la poesía hispanoamericana contemporánea.

Mariela Dreyfus nos lee poemas de sus libros Morir es un arte (Lima, 2010; 2014) y Cuaderno músico precedido de Morir es un arte (Madrid: 2015)

MARINA

ésta es la danza con el mar

la eterna danza la macabra

espejo del atardecer

líquenes enredados a mi cuerpo

como un cordón umbilical

el mar me abre su vientre

me cobija sus olas son el amarillo

maternal esa caricia lejana

ya olvidada entre las olas

soy la niña del mar su criatura

de piernas recogidas y pulgar en el labio

el mar me lleva avanzo entre las rocas

lado a lado los ojos entreabiertos

a la izquierda el sol rojizo a la derecha

la medialuna pálida me observa cubre

mi negro omóplato en el mar

me copio y me recreo soy narcisa

LIED NEGRA

            (Sarah Kane) 

Oye esta música

esta densa monótona canción de adentro

de la herida del fondo del alma

este ruido incesante

esta tumultuosa tonada del yo

 

Mi alegato se vierte como un soplido del viento

un sibilino murmullo recitado

que en inglés te repite o en español te inyecta

esta oscura cascada de palabras

 

yo estoy sola

                        yo no me amo

                        yo me odio

 

Pero aquí nadie entiende nadie puede acercar

el oído como un bálsamo a mis labios

nadie puede tocar esta ranura

esta grieta de hielo en el corazón

 

La soledad incita al odio

y a la vergüenza y a la obstinación

a la rabia que todo lo permea

me persigue y desborda

y cuando aun al fin sin los demás

despierto a las cuatro y cuarenta y ocho

en punto de la mañana

cuando llego al vértice de la melancolía

y estoy cansada de gritar

de pedir que ya basta ya no más

la tensa cuerda de los miedos me circunda

me acaricia la nuca va ajustando

sola se anuda aprieta me levanta

y a mis pies no resta ya más nada

que esta viuda imposible intolerable

lied negra.

(De: Morir es un arte)

 

La palabra viaje

en esa leve heredad los abuelos disponían

la chaise longue al pie de la cama y yo

me arropaba junto a ellos su tibieza de

horno contra el invierno gris el abuelo

abría en la mesa su gran diario me hacía

leer editoriales llenos de palabras extrañas

que luego mirábamos en el larousse incluso

una vez preguntó qué era la bandera enhiesta

en fiestas patrias luego hubo otras cosas

enhiestas en mi vida por ejemplo el arma

con que alguien me apuntó en un toque de queda

pero abuelo hablaba de un cierto orgullo nacional

que también se hizo trizas como la taza de la

abuela con su leche de vaca y harta azúcar

para ese primer sorbo que era mío y fue mía

además la planta de la higuera donde en noches

sin luna se descolgaba un duende o el árbol

de pacae demasiado precario demasiado inquietante

era también la bisabuela esperándome en el cuarto

del fondo más allá del gran patio más allá de los

andes ella hablaba un dialecto hermoso ante mi

mal carácter decretaba ya no criar más cólera

como si ésta me brotase por dentro y había

que dejarla morir niña inconforme niña insatisfecha

apaga de una vez ese canal por donde viaja la ira

que habrá de devorarte que habrá de dirigirte cuando

escribas tan fuerte en la libreta que el dedo medio

quedará dislocado cuando inventes tu propia

semántica violenta cuando grabes la palabra desnuda

grave herida la palabra que marca tu destino en las

borras tempranas del café

 

 

***

ESPACIO para el dolor su

prístina materia alucinada

las curvas con que lo esquivas

frente a frente riendo como a un

muñeco de vudú le clavas agujas

pero no muere el dolor del barro

vuelve a levantarse sus labios te

susurran aquí estoy entonces

no queda sino habitar con él

servirle el desayuno llevarlo

contigo en la cartera pegado a la

cadera que a ratos parece que se

abre pero vuelve a ti ese aguijón

físico a la izquierda más arriba

a  la diestra y aunque es áspero

el dolor se te clava en el pecho

le crecen dedos garras afiladas

vas sumando dolores uno a uno

los atas en un haz les pones nombre

hay dolores antiguos como en rilke

aún no florecidos su roce es golpe

seco como una sed eterna temporal

que pasa vuelve y reposa también

horizontal así lo llevas a la cama le

cepillas los dientes al dolor siéntalo

en tus faldas dale un abrazo nada temas.

(De: Cuaderno músico precedido de Morir es un arte)

 

Mariela Dreyfus 

Destacada poeta peruana, autora de  Memorias de Electra (Lima, 1984), Placer fantasma (Premio Asociación Peruano-Japonesa, Lima, 1993), Ónix (Lima, 2001), Pez (Lima, 2005); Pez/Fish (New Delhi, 2014), Morir es un arte (Lima, 2010; 2014) y Cuaderno músico precedido de Morir es un arte (Madrid: 2015). Escribió el ensayo Soberanía y transgresión: César Moro (Lima, 2008) y ha traducido a Allen Ginsberg, Sylvia Plath y Diane Wakoski entre otros poetas norteamericanos. Ha coeditado los tomos Nadie sabe mis cosas. Reflexiones en torno a la poesía de Blanca Varela (Lima, 2007) y Esta mística de relatar cosas sucias. Ensayos en torno a la obra de Carmen Ollé (Lima, 2016). Fundadora del colectivo artístico Kloaka (1982-84), reside en Nueva York desde 1989 y actualmente es profesora en la Maestría de Escritura Creativa en Español de New York University.

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