Cuando las fuentes se hacen punto cardinal. Notas sobre Poesía indestructible de Jorge Locane

indesPoesía indestructible (LUPI, 2015) nos lleva a pensar en la duración de la poesía y en su capacidad de resistencia. En la medida en que nos internamos en este libro, sus pulsaciones deshacen cualquier imagen maciza y estática que pueda ser convocada por el atributo “indestructible”. La tensión entre la desintegración y recomposición de la experiencia de la ciudad conforma una perdurabilidad singular en el poemario. La percepción poética se deja llevar: “los sentidos sabemos vienen sin backup/ las formas entonces se descomponen/de  componen/ de      ponen/ d      o       nen” (33). Así, estos versos se abandonan a la erosión verbal para descubrir nuevos rostros lingüísticos.

El lector es llamado a adoptar la posición de viajero e invitado a ingresar en la estructura del sistema de metro berlinés. Se ofrecen paradas en Westkreuz, Südkreus, Ostkreuz y en Gesundbrunnen como parte de un recorrido circular en el anillo de S-Bahn. En ese circuito aparentemente uniforme prontamente se nos advierte: “de la ópera dispersas esporas” (13). Se trata de partículas vivientes que despliegan su movimiento irredento desde un fondo ordenado y armónico; es decir, en el sustrato del armazón ferroviario transmutaciones innumerables se anuncian. En términos poéticos, el lenguaje asoma en el fondo como el andamiaje por cuyos pasajes la poesía ofrecerá sus contorsiones: “cuatro pies sacrílegos/ los recorren por recorrer / porque lo que no cambia/ es prosa” (15). Las palabras desacralizan, se desperezan, sortean todo tipo de fronteras: “panamá le da/ la más/ cordial bienvenida/hay guetoreid/ soda / lo refresco/ lo chips” (17). Así se superpone el viaje en metro berlinés con otros viajes, porque el lenguaje viaja desde el nacimiento, pasa todas las aduanas y lleva todos los sellos visibles e invisibles de paso entre territorios.

Para atravesar la ciudad en un ritmo que sincronice con su recomposición constante hace falta la brújula del desconcierto. Ello sucede solo cuando nuestra visión del mapa urbano conserva en la memoria otros mapas; cuando la costumbre no habita nuestros ojos, porque aún vemos el espacio desde la distancia que nos ofrece nuestra memoria de otras ciudades. En la estación Südkreuz se evoca un sur que no es el sur geográfico en el escenario alemán, sino el otro sur ultramarino: “a la plaga con más plaga se la doma se la bate/ a los males se los acecha con rigor y estrategia/ macri a las palomas las caza con halcones kamikazes/ en la plata los alacranes de bruera exterminan cucarachas” (37). La dinamización de los lugares que evoca el yo poético nos habla del trabajo de la memoria y sus mecanismos expansivos activados por la experiencia del viaje. El tiempo y el espacio se relativizan y conforman una instancia intermedia donde el poeta instala su quehacer en progreso pero sin cierre o meta, porque se remite a texturas ajenas al paisaje alemán pero que ahora son integradas a este sin que se reconozca dónde empieza y termina cada uno.

El sujeto de esta poesía “indestructible” es un caminante, cercano al flâneur baudelairiano, a quien reconocemos porque atraviesa la ciudad en plural embriagado por su propio paso: “caminamos dejando huellas tercas en/ la nieve. caminamos para salvarnos./caminamos ignorados en el costado de la/ noche, cuando la ciudad relampagueaba,/ cuando la ciudad se derrumbaba./ cuando se relamía. la caminamos inconclusos/ creyéndonos inmortales. caminamos como/ si recién hubiésemos aprendido, tímidos/ y tambaleantes. el trayecto nos mecía, las/ palabras se arremolinaban, se precipitaban/ y desaparecían. eran entonces del silencio,/ revelaban su materia. caminamos/ hambrientos. caminamos urgentes tantos/ pasos que no conducían” (41). La inmortalidad deviene de la incompletud, de la potencialidad de ir tanteando una urbe que se percibe como carente de límites. Se trata de un espacio invertebrado que conserva los puntos cardinales como un espejismo referencial. En el sistema de transporte berlinés las paradas disciplinan el movimiento, pero ese esfuerzo se diluye en el uso que le da el viajante. Este se desplaza antojadizamente y si bien puede elegir una trayectoria, también puede dejarla inconclusa o sumarle otras trayectorias que conviertan su paso lineal en un paso multiforme. Por ello, desde Südkreuz el sujeto poético retrocede en el tiempo libremente: “como un apóstrofe analfabeto de Mussolini/ de un tamaño apenas/ distinguible de la inexistencia/ mi abuela nació y creció en san calogero/ decidida a corregir su destino// un día cargó a sus cinco hijos/ los subió a un barco/ y determinó que treinta años después/ yo fuera allá abajo embrión de porteño” (51).

El orden temporal, entonces, es también ese espejismo necesario que distribuye la experiencia como la frontera que en su rigidez no es más que una invitación a cruzarla. La arbitrariedad de la organización de la experiencia se aborda en los versos a través de la reflexión sobre el “norte”. Ese lugar imaginario que tranquiliza al caminante aparece en el sistema de metro de Berlín como una referencia imprecisa: la estación “Gesundbrunnen”, evocada en el poemario. El libro anuncia en su inicio: “En Berlín no hay Norte. Hay fuentes de salud”. Así, se llama la atención sobre una experiencia del espacio que pasa por la traducción y que se hace visible en función de la experiencia del viaje. Por un lado, la traducción literal es de poca ayuda para saber realmente qué es “Gesundbrunnen”. Si se toma como una referencia para orientar al viajante, equivale a un espacio que no está determinado por su ubicación y que tiene más relevancia por ser un lugar de conexiones, donde diversas líneas de metro y también trenes regionales tienen paradas. Más que una importancia debido a su localización, Gesundbrunnen se caracteriza por ser espacio de redistribución de trayectorias. Tal vez en ese sentido pueda encontrársele una interpretación poética, que deviene de una traducción “errada”. No se trata sino de la errancia significativa que es parte de la flexibilidad del lenguaje poético. En este caso reconocemos que la buena salud en Berlín deviene de la posibilidad de encontrar una canalización plural de la experiencia del viajante.

La voz poética nos habla desde esas permisividades de la organización del espacio berlinés y llama la atención sobre una forma de ver atenta a las simulaciones de lo dado: “si las cosas no fueran/ metáforas de algo/ este sería solo/ un asiento vacío/ en la sbahn/ el sábado/ 10.01.15/ frente a mí” (91). La sospecha sobre la realidad, que la poesía ha catalizado de diversas formas a los largo de la historia, se presenta en este poemario para pensar el reverso de la concepción nietzscheana del lenguaje como metáfora de la realidad. Nos dice el poeta que la realidad misma es metáfora. Las cosas tienen capacidad de connotar, de llevarnos más allá de sus márgenes y lo hacen siempre que se conectan con el río interior de cada individuo, con sus recuerdos, con sus afectos, sus angustias, etc. En esa forma de acercarse al mundo radica parte de la inmortalidad de esta poesía, porque al visitar los confines de las entidades continuamente las ve convertirse en otra cosa. Se percata de su corrosión diaria y de los nuevos rostros que toman en medio de la persistencia de la exploración poética.

Finalmente, el viaje queda abierto e invita a una inmersión en una ciudad borrosa que va más allá de sus líneas definidas: “no hay persistencia en las cuadras/ de este pueblo/ se desdibujan las torres/ que enmarcan la ruta/ se descompone y debilita…queda el letargo de un anillo/ que se repite/ y se repite”. Sin embargo, a pesar de que la visión se haya saciado de lo ya visto: “sin embargo mi amor está intacto/ sobrevive en esta/ poesía indestructible” (147).

Jorge Locane (Buenos Aires, 1979)

Es cooeditor de la revista bilingüe de literatura alba.lateinamerika lesen dedicada a la mediación cultural entre Alemania y América Latina. Algunas de sus publicaciones se pueden encontrar en revistas como Amerika de Francia o Estudios de Teoría Literaria de Argentina. Cordinó la antología de poesía berlinesa escrita en castellano El tejedor en…Berlín.

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