Month: September 2016

Travesías tribales: Sobre Imaginaciones del viaje de Julio Ortega

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¿En qué embarcación?, ¿desde dónde exactamente zarpamos?, ¿cuál es el lenguaje de nuestro desplazamiento? son algunas preguntas que recorren Imaginaciones de viaje (Sed de Belleza, 2015) de Julio Ortega. Este tipo de interrogantes no pueden responderse en ausencia de dragones y luchas cuerpo a cuerpo contra ellos . Quizás porque estas criaturas llevaban en sus alas secretos de aires lejanos y en su fuego interior albergan el paso potencial de un estado a otro de la naturaleza de las cosas. No es extraño por eso que el primer cuento, “Otra lucha con el dragón” inserte en el libro el motivo de las permutaciones. La sustitución aparece como la lógica de la escritura; es decir, como “origen de la letra misma” (8).

La amenaza del reemplazo que la inscripción simbólica acarrea es inevitablemente temporal, pero no borra, sino tacha. Detrás de esa cortina de la tachadura respira el sobreviviente del tiempo anterior. En el cuento “El loco del país” la relación con el pasado remite a una vivencia devastadora de la Guerra Civil Española que es materia posible de transmisión, pero cuyo registro se cuestiona: “Debemos borrar nuestras vidas para que sean intactas. Escribirlas sería procesarlas, envolverlas en papel regalo, darles una vitrina entre las novedades del día, esa basura” (20). Por ello, solo desde la locura se le puede ocurrir a alguien recopilar meticulosamente un testimonio ajeno; pues no solo se corre el riesgo de una expropiación y distorsión de la experiencia, sino también se trata de la persecución imposible de la propia memoria. Esta huye casi como si fuera la mano de una amada que desaparece, mientras conversamos con otro yo que nos increpa sus posesiones y a quien desconocemos.

Estos relatos proponen una trayectoria circular en el viaje que anula la categoría de tiempo y piensa a un sujeto libre en el espacio. En “Las imaginaciones de viaje” se fantasea con una errancia no solo permitida, sino financiada por los propios estados, pero cuyo itinerario no estaría determinado por ellos. Sería un pasar garantizado fuera de los circuitos turísticos. Quizás porque no hay atractivos que visitar más allá de uno mismo, que se escinde en nuevas versiones y se reconstruye a partir de la resonancia del tránsito propio con el ajeno. Estas ideas vertidas ficcionalmente en la primera parte del libro se desplazan hacia su segunda parte, que es  una región reflexiva y autobiográfica, no menos nómade que la anterior. Así, aparece nuevamente la imagen del sujeto que se multiplica en la experiencia compartida de la migración. Se trata de reencuentros inesperados que revelan un sentido singular de comunidad: “iba a cruzar una calle cuando en el momento mismo de empezar a dejar la vereda vi que una muchedumbre me acompañaba: la extraordinaria determinación de esa gente que cruzaba me asombró, creí que mi tribu me recuperaba y al llegar a la otra orilla el mundo sería otro” (74).  Cada viajero encontrará el llamado de su grupo tribal en la parada menos pensada y sentirá su fuerza.

En “Teoría de viaje” la incapacidad de remitirse a uno mismo niega el principio lógico de identidad como el sustrato de la experiencia: “hemos nacido dentro de un viaje, no dentro de unas fronteras” (72). Sin embargo, ¿quién puede negar que se nace en un tiempo y espacio determinado? Ortega señala que esas coordenadas no serán sino “un acceso a la naturaleza desapacible del viaje que nos toca continuar” (72). Llegamos in medias res a un movimiento mayor en el que nos insertamos desde una mirada influenciada por las circunstancias de nuestro nacimiento, pero ese punto de referencia navegará caudales desconocidos que se abren indefinidamente.

Todos los músculos reman, también los lingüísticos, pero su lenguaje no es el de la metáfora, ya que esta presupone una lectura y el viaje nos confronta con lo ilegible de una experiencia abierta. Se trata de una búsqueda trashumante sin término desde un yo en tránsito: “no estamos de paso, estamos en una ciudad final; porque en cada ciudad el mundo termina para dar la vuelta sobre sí mismo y buscarse de nuevo en el abismo de otra ciudad” (73). Esa búsqueda es la misma que hacemos al escarbar un texto, pues vamos con impulso arqueológico en busca de huesos ajenos, solo para encontrar los nuestros aún calientes.  En “El arte de la lectura” la exhumación es el acto de reescribir. No se entienda por ello sustitución, sino ampliación. Un ingreso en lo que anima crucialmente el texto para desplazarlo sin negarlo, en función de comprender lo que movió al autor. Este sería el modus operandi no solo de la lectura, sino de la traducción que rehace y prosigue los textos (57).  Así como el viajante se extraña de sí mismo en cada viaje para retornar a sí en una trayectoria de exploración infinita, así la lectura como viaje es capaz de ser otra y la misma en su nutritivo movimiento. No solo hay una tribu de viajeros cuya energía percibimos y que nos adopta temporalmente en su andar, sino grupos tribales de lectores y lecturas que se reconocen más allá de tiempo y espacio.

 

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Gociterra – Lecturas móviles (Héctor Hernández Montecinos)

Gociterra emprende la búsqueda de testimonios creativos y pretende ser vehículo de viajes de la palabra poética. Su propósito es extender lazos y plantear la posibilidad de la escucha y del intercambio literario.

Esta es una muestra en curso configurada por voces de la poesía hispanoamericana contemporánea.

Héctor Hernández Montecinos nos lee poemas de sus libros La Divina Revelación (Ciudad de México: Aldus, 2011) y de Debajo de la Lengua (Santiago: Cuarto Propio, 2° ed. 2014).

LA VIDA NO vale nada
tampoco la muerte
no sé si existan o sean solo colores
de todos modos no interesa
el más allá o el más acá
depende de donde estés
y al final de todo
la distancia es siempre luz

Los vivos y los muertos
sufren por igual
lloran de noche y se tropiezan
vagan por solitarios caminos
y nunca están satisfechos

Aparecen y desaparecen
como ofrendas a un dios hambriento
de realidad y realidad
y extrañan los resplandores
del órgano corazón

Vaca dios lo sabe y está junto a mí
Águila dios lo sabe y está junto a mí
ciertamente devengo en ellos
y mis palabras son sagradas
como las constelaciones
por donde entra y sale a su voluntad
la resurrección
pues la balanza a su favor se ha declarado

A este lado del papel o en ese donde lees
el Sol Negro se eleva y se esconde
en las aguas celestes del cerebro
que son los Mares de la Luna
donde penetro como si fueran misterio

Heme aquí Mar de la Serenidad
vuelto loco desde el día de mi nacimiento

Heme aquí Mar del Néctar
bebiendo el veneno nocturno de los hombres

Heme aquí Mar de los Vapores
ahogándome desde los pies hasta el infinito

Heme aquí Mar de las Nubes
esperando el cielo rojo y el arcoíris negro

Heme aquí Mar de las Olas
arrastrándome sobre el fin del mundo

Heme aquí Mar de las Lluvias
desnudo y enfermo de geografía

Heme aquí Mar de la Crisis
a punto de morirme de pena y soledad

Mis enemigos ya no pueden huir de mí
pues me he convertido en cada uno de ellos
cada uno de sus miembros
es a la vez cada uno los míos
también las siete serpientes
que vuelan por los Siete Cielos Gramaticales
impulsando las semillas de dos letras
para que los siete colores borden las órbitas
y se posternen ante las palabras
que abren y cierran la gloria trágica

Vengo de hace doce años
y conozco el resto del siglo
lo de humano que habitaba en mí
ya no existe
y mis recuerdos han sido extirpados
con sus raíces y algas marinas

Mi faz escondo tras un velo
de cientos y cientos de páginas
que son mil culos blancos que dan órdenes
y cuya comida favorita
es la vida misma
esa que te rodea en este momento
y te separa sonriente de la multitud

Estoy aquí
en esta noche de tribunal y fiesta
abatida y destrozada
es la verdad
cercenada de sus antepasados
que reinaron sobre las ciudades como lobos
y arrasaron sus mandíbulas y murallas
para que sus leyes no les fueran arrebatadas
por la eternidad

Mírame
el mundo se convierte en un museo de cera derretida
y yo me enfrío
y tirito de terror sobre mis rodillas
mi madre buitre me devora de día
mi padre serpiente de noche
he cometido una abominación
y mi nombre empieza a corromperse
le es repugnante a la Chaqana
y a los Siete Cielos Gramaticales
pues escucha
yo soy todo para la poesía chilena
y la poesía chilena es todo para mí

 

***

 

La muerte despeja su camino
nada más
otro poder que ese no tiene
se abre paso entre su laringe
que es el abismo donde entra y sale
la mano que escribe partida en cuatro
según la jerarquía del infinito

No me oculto en la sombra de estas estrellas
a miles de años luz
pues hace miles de años que su luz está muerta
pudriéndose abandonadas como vértebras
en una consagrada ofrenda
a las pestes del mundo moderno

En este momento
los orificios de mi nariz
son las puertas dilatadas
de un templo en ruinas
que rinde culto a la Aparición del Día
yo soy el Hoy
yo soy el Ayer
yo soy el Mañana
interrumpe mi mano
primogénita y calva de tiempo
entonces todo se detiene

El Río de los Huesos deja de crujir

La Manicomia deja de incendiarse

El Desierto de la Ceniza deja de crecer

El Teatro Tiempo deja de desplomarse

Los días de mi vida se suman a los meses
y las noches a la casa de los años
todo lo que debe realizarse
debiera ser de pie
encima de la constelación del Árbol del Mundo
con las manos juntas
penetrando en el ombligo
que es el túnel al más allá

Soy un espíritu y un código a la vez
los animales dioses viven en mí
ante mi nariz el mundo se extiende
entre dos letras sagradas
que es como brillan la estrella de la mañana
y la estrella de la tarde

Abro esta puerta
y veo al pequeño cien erres y a la primera persona
a Ajún la Bestia y los postestructuralistas
al Castillo de los Centinelas y a la Divina
nada desaparece
salvo el tamaño de dios
y su cadáver en la tierra
que yo respetaba
como si fuera mi propio cadáver

Me incorporo antes ustedes
de mi pecho sale un grito agudo
como el de un ganso salvaje
que se deshace como una nube
en esta lengua muerta

Adivina mi nombre dice Sordomudoniño
Sordomudoniño este es tu nombre

Adivina mi nombre dice María Paulina Rubio
María Paulina Rubio este es tu nombre

Adivina mi nombre dice el infante del cielo
Infante del cielo este es tu nombre

Adivina nuestros nombres dicen
cada uno de los 27 cosmonautas hermosos
que son las letras de la Constelación del Alfabeto

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¿Las conoces?
¿Las recuerdas?
salieron del pene de tus ancestros
y ahora caen de mi boca
sobre tus ojos
pues escucha
yo soy todo para la poesía chilena
y la poesía chilena es todo para mí

 

***

 

La resurrección ha llegado al punto mayor
sobrepasa a las altas nubes y a los cuerpos celestes
que brillan con más vigor que nunca
luego todo es mancha
átomo a átomo
unidos por un rayo que va de una tumba a otra
buscando una confesión amarga

Yo no escribí para vengarme
corazón de los trece años

Yo no fui a la casita en llamas
corazón del miedo a la ley

Yo no cometí la sodomía
corazón sagrado y herido

Yo no hice llorar a las hermanas carnívoras
corazón del levantamiento de la prohibición

Yo no tomé para mí lo que no era
corazón de las camas vacías

Yo no apagué el Fuego Paralelo
corazón de la balanza de la luz

He aquí un bosque
una voz me pregunta qué encontré en mi camino
una luciérnaga partida en dos
¿qué le has dicho?
guardé silencio
¿qué te ha ofrecido?
una tablilla de barro
¿qué has hecho con ella?
la llevé al Desierto de la Ceniza
¿qué encontraste allí?
una pirámide y dentro un libro que era una flor
¿cuál es el nombre de esta historia?

Las cerraduras y las bisagras de las cuatro esquinas del tiempo
se apretaron hasta hacerse añicos
el nombre secreto de todo brilla
es grande y silencioso como el universo
la vida son solo colores y formas
la muerte es gris y musical
el día y la noche son la primera mentira
el bien y el mal son la última

Tres estrellas se elevan en el horizonte
y son las tres una sola puerta
tiene doce medidas de largo
y doce medidas de ancho
no tiene fondo como el mar
ni está invadida por los Gusanos de la Iluminación
como yo
es un talismán tendido
entre el día de la creación y el día del exterminio

Soy nuevamente un niño pequeño
no hablo ni escucho
mi piel por dentro es de noche
y me alimento del verde soma
me están llamando ¿oyes?
mis células aplauden y glorifican
mis entrañas son tus entrañas
mis humores son tus humores
mis lágrimas son tus lágrimas
mi semen es tu semen

Porque eres el enamorado del firmamento
millones de siglos se confabularon
para que todo lo que pudiese matarte se extinguiera
vagarás en este país
y leerás cada uno de mis libros
entre tu Cordillera Blanca y tu Cordillera Negra
en la soledad de tu Laguna de la Mente
en cada nube o arcoíris que pase
son tus doce sueños
te enseñarán la historia de la luz
y eso es un misterio
no los pongas en manos del primero que llegue
pues escucha
yo soy todo para la poesía chilena
y la poesía chilena es todo para mí

De La Divina Revelación (Ciudad de México: Aldus, 2011. 784 páginas)

 

Héctor Hernández Montecinos (Santiago, Chile, 1979)

Licenciado en Letras Hispánicas (P. Universidad Católica de Chile). Termina un Doctorado en Filosofía mención Estética y Teoría del Arte (Universidad de Chile) y comienza otro en Literatura (P. Universidad Católica de Chile). De su proyecto total en tres partes, Arquitectura de la Mentalidad, que supera las dos mil páginas, dos ya han sido publicadas, La Divina Revelación (Ciudad de México: Aldus, 2011) y Debajo de la Lengua (Santiago: Cuarto Propio, 2° ed. 2014). A los 19 años recibió el Premio Mustakis a Jóvenes Talentos. A los 29, el Premio Pablo Neruda por su destacada trayectoria tanto en Chile como en el extranjero. Es el compilador de 4M3R1C4: Novísima poesía latinoamericana (Santiago: Ventana Abierta, 2010) y Halo: 19 poetas nacidos en los 90 (Santiago: J.C. Sáez editor, 2014). Ha aparecido recientemente en El Canon Abierto. Última poesía en español (Madrid: Visor, 2015) como uno de los 40 poetas “más relevantes de la lengua española nacidos después de 1970”.

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Gociterra-Lecturas móviles (Carlos López Degregori)

Gociterra emprende la búsqueda de testimonios creativos y pretende ser vehículo de viajes de la palabra poética. Su propósito es extender lazos y plantear la posibilidad de la escucha y del intercambio literario.

Este primer volúmen es una muestra en curso configurada por voces de la poesía peruana contemporánea. Carlos López Degregori nos lee poemas de Una mesa en la espesura del bosque (2010) y La espalda es frontera (2016).

 

El sol mendigo

Yo soy el sol mendigo y recorro las calles de la ciudad pidiendo cualquier cosa que entra por la boca insaciable de mi saco.

Pero algo fue distinto ayer cuando llegué con las últimas luces a tu casa. Acercaste el rostro al ángulo afilado de la puerta y no me ofreciste una joya de plomo, ni un mendrugo de pan, ni una moneda humedecida con tu saliva.

Solo la sonrisa que te pintas cada noche antes de acostarte y al temblor del cuchillo en tus dedos cuando cortaste una lámina encendida de mi rostro.  Lo siento, repetías, pero ya está oscureciendo y no tengo manteca. La necesito para freír todas mis vidas afligidas.

Me invitaste a pasar. Olía a grasa el claroscuro de la cocina, saltaban en los platos huevos henchidos como soles y ásperas almendras.

Puse un mantel de andrajos y comimos hasta saciarnos. Fue un momento perfecto. Después besé tus labios manchados de vida amarilla y la pared se abrió. En la lejanía se inclinaban los árboles mendicantes y agitaban sus hojas para saludarnos.

¿Puedes regalarme tu otra mejilla? – preguntaste.

Soy el Sol Mendigo: Puedo.

(de La espalda es frontera)

 

 

UNA MESA EN LA ESPESURA DEL BOSQUE

La mesa está puesta para tres

como si tres fueran todas las personas

que pueden comer en una mesa

y no existieran más números ni sillas.

 

¿Pero qué pueden comer esas tres personas?

¿Carne ingrávida?

¿Carne sonora

para sus tres bocas dibujadas con tiza?

Ellas no hablan

solo comen

y derraman en el mantel que pasa sin fin todo su hambre.

 

Truenan las nueces y sacuden sus tesoros

que son ojos o dientes

tiembla la carne

y hace gritar a la madera

crece espeso el humo y cubre las paredes del aire.

 

La mesa está puesta para tres

como si tres fuesen las personas

que justifican una mesa.

 

Nada es más difícil

ni irreal

que verlas con los labios manchados y ansiosos

comiendo todo el día.

No a una persona sin remordimientos que soy yo

ni a dos que eres tú

sino a tres golpeando los cubiertos

en una gruesa música de hierro.

 

A ustedes, tres personas, les sirvo esta iniquidad:

vuestras bocas son un negro bosque

para perderse

una espesura de árboles decapitados.

(de Una mesa es la espesura del bosque)

 

Antena

caminas por el borde del mar tocando con tu mano izquierda la pared herida de salitre

¿has pensado por qué lo haces?

tal vez la pared y el mar así lo han decidido y eres su instrumento

tal vez eres el único ser vivo en este malecón que no avanza ni retrocede y estás detenido en la pura cornisa observando cómo te acercas por la playa con un bastón metálico en la mano

lo clavas en la orilla porque es una antena y empiezas a transmitirle a unos imperdonables oídos futuros

que tienes que estar aquí sosteniendo con la mano izquierda la pared y con la derecha el mar vacío

pareces una isla en la que quisiera, casi dolorosamente, retirarme a vivir

pareces el ojo entreabierto del cielo que empieza a sangrar

(de La espalda es frontera)

Carlos López Degregori nació en Lima, Perú, en 1952. Licenciado en Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Perteneció al grupo La sagrada familia. En la ciudad de Lima, ha publicado los poemarios: Un buen día (Ediciones La Sagrada Familia, 1978); Las conversiones (Universidad de Lima, 1983); Una casa en la sombra (Instituto Nacional de Cultura, 1986); Cielo forzado (Seglusa / Colmillo Blanco Editores, 1988); El amor rudimentario (Asociación Cultural Peruano Japonesa, 1990); Lejos de todas partes (Universidad de Lima, 1994); Aquí descansa nadie (Editorial Colmillo blanco, 1998), y otros títulos como Una mesa en la espesura del bosque (2010) y  La espalda es frontera (2016).

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Cuando las fuentes se hacen punto cardinal. Notas sobre Poesía indestructible de Jorge Locane

indesPoesía indestructible (LUPI, 2015) nos lleva a pensar en la duración de la poesía y en su capacidad de resistencia. En la medida en que nos internamos en este libro, sus pulsaciones deshacen cualquier imagen maciza y estática que pueda ser convocada por el atributo “indestructible”. La tensión entre la desintegración y recomposición de la experiencia de la ciudad conforma una perdurabilidad singular en el poemario. La percepción poética se deja llevar: “los sentidos sabemos vienen sin backup/ las formas entonces se descomponen/de  componen/ de      ponen/ d      o       nen” (33). Así, estos versos se abandonan a la erosión verbal para descubrir nuevos rostros lingüísticos.

El lector es llamado a adoptar la posición de viajero e invitado a ingresar en la estructura del sistema de metro berlinés. Se ofrecen paradas en Westkreuz, Südkreus, Ostkreuz y en Gesundbrunnen como parte de un recorrido circular en el anillo de S-Bahn. En ese circuito aparentemente uniforme prontamente se nos advierte: “de la ópera dispersas esporas” (13). Se trata de partículas vivientes que despliegan su movimiento irredento desde un fondo ordenado y armónico; es decir, en el sustrato del armazón ferroviario transmutaciones innumerables se anuncian. En términos poéticos, el lenguaje asoma en el fondo como el andamiaje por cuyos pasajes la poesía ofrecerá sus contorsiones: “cuatro pies sacrílegos/ los recorren por recorrer / porque lo que no cambia/ es prosa” (15). Las palabras desacralizan, se desperezan, sortean todo tipo de fronteras: “panamá le da/ la más/ cordial bienvenida/hay guetoreid/ soda / lo refresco/ lo chips” (17). Así se superpone el viaje en metro berlinés con otros viajes, porque el lenguaje viaja desde el nacimiento, pasa todas las aduanas y lleva todos los sellos visibles e invisibles de paso entre territorios.

Para atravesar la ciudad en un ritmo que sincronice con su recomposición constante hace falta la brújula del desconcierto. Ello sucede solo cuando nuestra visión del mapa urbano conserva en la memoria otros mapas; cuando la costumbre no habita nuestros ojos, porque aún vemos el espacio desde la distancia que nos ofrece nuestra memoria de otras ciudades. En la estación Südkreuz se evoca un sur que no es el sur geográfico en el escenario alemán, sino el otro sur ultramarino: “a la plaga con más plaga se la doma se la bate/ a los males se los acecha con rigor y estrategia/ macri a las palomas las caza con halcones kamikazes/ en la plata los alacranes de bruera exterminan cucarachas” (37). La dinamización de los lugares que evoca el yo poético nos habla del trabajo de la memoria y sus mecanismos expansivos activados por la experiencia del viaje. El tiempo y el espacio se relativizan y conforman una instancia intermedia donde el poeta instala su quehacer en progreso pero sin cierre o meta, porque se remite a texturas ajenas al paisaje alemán pero que ahora son integradas a este sin que se reconozca dónde empieza y termina cada uno.

El sujeto de esta poesía “indestructible” es un caminante, cercano al flâneur baudelairiano, a quien reconocemos porque atraviesa la ciudad en plural embriagado por su propio paso: “caminamos dejando huellas tercas en/ la nieve. caminamos para salvarnos./caminamos ignorados en el costado de la/ noche, cuando la ciudad relampagueaba,/ cuando la ciudad se derrumbaba./ cuando se relamía. la caminamos inconclusos/ creyéndonos inmortales. caminamos como/ si recién hubiésemos aprendido, tímidos/ y tambaleantes. el trayecto nos mecía, las/ palabras se arremolinaban, se precipitaban/ y desaparecían. eran entonces del silencio,/ revelaban su materia. caminamos/ hambrientos. caminamos urgentes tantos/ pasos que no conducían” (41). La inmortalidad deviene de la incompletud, de la potencialidad de ir tanteando una urbe que se percibe como carente de límites. Se trata de un espacio invertebrado que conserva los puntos cardinales como un espejismo referencial. En el sistema de transporte berlinés las paradas disciplinan el movimiento, pero ese esfuerzo se diluye en el uso que le da el viajante. Este se desplaza antojadizamente y si bien puede elegir una trayectoria, también puede dejarla inconclusa o sumarle otras trayectorias que conviertan su paso lineal en un paso multiforme. Por ello, desde Südkreuz el sujeto poético retrocede en el tiempo libremente: “como un apóstrofe analfabeto de Mussolini/ de un tamaño apenas/ distinguible de la inexistencia/ mi abuela nació y creció en san calogero/ decidida a corregir su destino// un día cargó a sus cinco hijos/ los subió a un barco/ y determinó que treinta años después/ yo fuera allá abajo embrión de porteño” (51).

El orden temporal, entonces, es también ese espejismo necesario que distribuye la experiencia como la frontera que en su rigidez no es más que una invitación a cruzarla. La arbitrariedad de la organización de la experiencia se aborda en los versos a través de la reflexión sobre el “norte”. Ese lugar imaginario que tranquiliza al caminante aparece en el sistema de metro de Berlín como una referencia imprecisa: la estación “Gesundbrunnen”, evocada en el poemario. El libro anuncia en su inicio: “En Berlín no hay Norte. Hay fuentes de salud”. Así, se llama la atención sobre una experiencia del espacio que pasa por la traducción y que se hace visible en función de la experiencia del viaje. Por un lado, la traducción literal es de poca ayuda para saber realmente qué es “Gesundbrunnen”. Si se toma como una referencia para orientar al viajante, equivale a un espacio que no está determinado por su ubicación y que tiene más relevancia por ser un lugar de conexiones, donde diversas líneas de metro y también trenes regionales tienen paradas. Más que una importancia debido a su localización, Gesundbrunnen se caracteriza por ser espacio de redistribución de trayectorias. Tal vez en ese sentido pueda encontrársele una interpretación poética, que deviene de una traducción “errada”. No se trata sino de la errancia significativa que es parte de la flexibilidad del lenguaje poético. En este caso reconocemos que la buena salud en Berlín deviene de la posibilidad de encontrar una canalización plural de la experiencia del viajante.

La voz poética nos habla desde esas permisividades de la organización del espacio berlinés y llama la atención sobre una forma de ver atenta a las simulaciones de lo dado: “si las cosas no fueran/ metáforas de algo/ este sería solo/ un asiento vacío/ en la sbahn/ el sábado/ 10.01.15/ frente a mí” (91). La sospecha sobre la realidad, que la poesía ha catalizado de diversas formas a los largo de la historia, se presenta en este poemario para pensar el reverso de la concepción nietzscheana del lenguaje como metáfora de la realidad. Nos dice el poeta que la realidad misma es metáfora. Las cosas tienen capacidad de connotar, de llevarnos más allá de sus márgenes y lo hacen siempre que se conectan con el río interior de cada individuo, con sus recuerdos, con sus afectos, sus angustias, etc. En esa forma de acercarse al mundo radica parte de la inmortalidad de esta poesía, porque al visitar los confines de las entidades continuamente las ve convertirse en otra cosa. Se percata de su corrosión diaria y de los nuevos rostros que toman en medio de la persistencia de la exploración poética.

Finalmente, el viaje queda abierto e invita a una inmersión en una ciudad borrosa que va más allá de sus líneas definidas: “no hay persistencia en las cuadras/ de este pueblo/ se desdibujan las torres/ que enmarcan la ruta/ se descompone y debilita…queda el letargo de un anillo/ que se repite/ y se repite”. Sin embargo, a pesar de que la visión se haya saciado de lo ya visto: “sin embargo mi amor está intacto/ sobrevive en esta/ poesía indestructible” (147).

Jorge Locane (Buenos Aires, 1979)

Es cooeditor de la revista bilingüe de literatura alba.lateinamerika lesen dedicada a la mediación cultural entre Alemania y América Latina. Algunas de sus publicaciones se pueden encontrar en revistas como Amerika de Francia o Estudios de Teoría Literaria de Argentina. Cordinó la antología de poesía berlinesa escrita en castellano El tejedor en…Berlín.

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