Gociterra-Lecturas móviles (Lucho Chueca)

Gociterra emprende la búsqueda de testimonios creativos y pretende ser vehículo de viajes de la palabra poética. Su propósito es extender lazos y plantear la posibilidad de la escucha y del intercambio literario.

Este primer volúmen es una muestra en curso configurada por voces de la poesía peruana contemporánea.

Lucho Chueca comparte con nosotros poemas de Ritos Funerarios (Colmillo Blanco, 1998) y Contemplación de los cuerpos (Estruendomudo, 2005)

Retrato de Taboga (ii)

Taboga descansa en el reverso de la navaja; su cuerpo

resbala por el filo ardiente,

turbio,

de esa forma inverosímil

de ese urgente grito

que repele toda apariencia de armonía.

 

Descansa

y su figura se arruma, se hace

nudo, ovillo, núcleo, nuez; y nuevamente

extiende su volumen.

 

Taboga disfruta del filo despreciable del cuchillo,

del bruto extremo que hinca y aprisiona,

del dolor que seduce

mientras suavemente perfora los costados y

encanta con su sonido agudo,

nervio, sordo,

que engaña como un sueno

romo y repetido.

 

Su figura se expande nuevamente

y cubre los extremos de la

hoja:

            el anverso

            y el reverso

de la desesperación.

 

Taboga se acerca al borde del abismo,

del minúsculo abismo donde todo desaparece y deja de existir,

donde toda fuerza se abandona entumecida

y ya no queda nada de lo que sostenerse.

 

Nada

ni el mismo abismo al que se arroja.

DE Ritos funerarios (Lima: Colmillo Blanco, 1998)

 

Documental

Un video narra las horas finales de Pompeya en el año 79 dC. Explica el arqueólogo que el motivo de la muerte de sus habitantes no fue la lava del Vesubio sobre los cuerpos, sino el contacto de estos con una temperatura superior a los 500 grados. “La coloración rojiza hallada en algunos cráneos es una particular incógnita. Podría ser el cerebro que comenzó a desbordarse previamente a la explosión. El calor fue tan intenso que puso a hervir el cerebro antes de estallar”, anota fríamente.

Ensayo esa misma frialdad documental en este poema y añado, sobre acontecimientos más cercanos: “Lo que quedaba de los cuerpos fue entregado a los familiares en cajas de leche Gloria. Poco antes se hallaron, enterrados, camino a Cieneguilla, restos de un maxilar superior y cinco dientes, el cráneo de una mujer con un agujero de bala, retazos de un pantalón calcinado y un juego de llaves, que permitió identificar a las víctimas y seguir la pista de los cuerpos embolsados”. O transcribo, en un nuevo giro, el comentario de un marino que explica que, a diferencia del Ejército, en su arma a los detenidos “los matan desnudos para que no los reconozcan, ni sortijas ni aretes, ni zapatos ni ropa interior. Y las prendas las queman”.

Ni un asíndeton he tenido que inventarme. Tampoco imágenes o la contraposición.

Me pregunto si hay algo que aumentar en este poema.

***

Contemplación de los cuerpos

Visiones nebulosas y constantes

transcritas en una lengua que no se deshilvana

aunque debiera

ni masca su carne hasta el espanto

Y entonces cómo escribir si el hálito de vida

se adelgaza violentamente

cómo no perder la voz o hundirme

en la locura

cómo pretender que la armonía reorganice la existencia

si el verbo exacto es solo engaño ante la muerte

montada sobre el lomo

sin embargo aspira la certeza de los póstumos latidos

dibuja sobre tu piel las marcas de los cuerpos contemplados

y   canta    canta     canta

que el canto redime del horror

y de la fría voz de la impaciencia

acaricia el pecho desgarrado

el cuerpo canceroso

el agujero en el omóplato

como al desvelo de un sexo que se hunde sobre otro

en la más extrema perfección

golpea        rasga        desentierra

o arráncate los labios

pero canta

DE Contemplación de los cuerpos (Lima: Estruendomudo, 2005)

Luis Fernando Chueca (Lima, 1965)

Ha publicado los poemarios Rincones (Anatomía del tormento) en 1991, Animales de la casa en 1996, Ritos funerarios en 1998 y Contemplación de los cuerpos en el 2005. Está incluido, entre otras antologías de poesía peruana, en La letra en que nació la pena (1970-2004)  (Lima: Santo Oficio, 2004), La mitad del cuerpo sonríe (México: FCE, 2007) y Fuego abierto (Santiago: Lom, 2007). Estudió Literatura en la U. Católica del Perú, donde también cursó una maestría. Se doctoró en Literatura en la U. Católica de Chile. Actualmente ejerce la docencia en la Universidad de Lima y en la PUCP. Entre sus trabajos sobre poesía peruana están Umbrales y márgenes. El poema en prosa en el Perú contemporáneo (U. de Lima, 2010) y Espléndida iracundia. Antología consultada de la poesía peruana 1968-2008 (U. de Lima, 2012), escritos junto con Carlos López Degregori, José Güich y Alejandro Susti, además de la edición de Poesía vanguardista peruana (PUCP) en el 2009. Fue coeditor de Odumodneurtse, periódico de poesía y de la revista Intermezzo tropical.

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