Month: August 2016

Gociterra- Lecturas móviles (Mateo Díaz)

Gociterra emprende la búsqueda de testimonios creativos y pretende ser vehículo de viajes de la palabra poética. Su propósito es extender lazos y plantear la posibilidad de la escucha y del intercambio literario.

Este primer volúmen es una muestra en curso configurada por voces de la poesía peruana contemporánea.

Mateo Díaz nos lee Libro de la enfermedad (2015) y un poema inédito.

 

SIN HABER SIDO invocada, la claridad ha descendido sobre el campo y reside entre las corolas de los arbustos.

No ha necesitado del destello del rayo, tan solo se reconoce por las sombras bien trazadas de la enramada.

Ante su luz, las cosas se vuelven evidentes: las manchas sobre la piel de los cerdos, el grito recurrente de las gallinas y el barro que respira como un animal vivo.

Entonces el ojo cansado encuentra el reposo del colibrí, la anchura del estanque herido en el reflejo.

Ver sin el velo es aceptarlo todo: he aquí un hecho que no podemos explicarnos.

Así como ha venido, del mismo modo se retira y vuelve a escucharse el sonido hueco de las palabras.

 

Elogio de los caminantes

 

III

 

Incinerada la tierra, abierta

La vaina chamuscada y despojada del fruto,

Lleno del hervor del mediodía el aire

Vespertino; pero prendidos nuestros cuerpos,

Cargados de la luz que baja de lo alto y

Poseídos por el fuego que es hálito fugaz,

Aliento más veloz que el vértigo

De la nada, vueltos nuestros huesos

Brasas y los ojos llamaradas

Hasta henchirnos de transparencia:

Así tu tiempo, canícula; así la estación de la trilla

De la cosecha humana. Hace tres noches

Que el sol nos marca desde el cenit;

Iluminando en el día el espejismo de lo venidero,

La llaga incolora del futuro, el ojo abierto

De la sibila, el ojo por donde mira y se mira

El insomnio de la razón;

Y, cuando descienden las sombras,

Cautivando su llama en vaso más frágil,

El receptáculo de nuestra arcilla, ceniza

Azuzada por la hoguera que es tiniebla.

 

Esta mañana hemos encontrado entre la arena

El hueso blanquísimo de una ballena

Y recordamos el peso que inclina al hambriento,

Los naufragios de incontables diluvios

Perdidos entre los pliegues de la historia.

(Los antiguos hombres que poblaron estos arenales

Conocieron el desierto que se extendía

Como una lengua sedienta, horadada

Por las piedras salitrosas. El silencio

Que sucede al rapto del viento tampoco

Les fue desconocido, pero entendieron

Que la certeza de la voz les sería vedada.

También ellos tosieron y mancharon de sangre

La arena que ahora pisamos, y por eso

Soñaron con bocas abiertas y presagios de lluvias).

 

Canícula, hemos venido por este camino

Persiguiendo el agua dorada que nos huye,

La vida que se precipita y que no alcanzamos.

La fe es una ofrenda más pobre que los fósiles

Pulverizados: ya nadie cree en el felino,

Sino por su colmillo abierto; en la serpiente,

Sino por su lengua abierta; en el hombre,

Sino por su mano abierta.

Danos al menos la tierra

Para esperar la gota que nos consuma

Y así ser piedra, recinto donde

Podremos arder

Y permanecer.

 

(de Libro de la enfermedad)

 

***

Fiat tenebris

 

En el principio, todo luz, haces intensos que cubrían cada partícula del universo. Brillo terrible cuya omnipresencia se fundía con el exterior, aniquilando todas las cosas: sonido o silencio luminoso, tacto que se difumina en ardor, ceguera donde no existe la palabra. Y un mundo detrás de todo ello, inédito aún, dispuesto a cobrar forma; metales, páramos, fuentes: la vida sepultada en una tumba de incandescencia.

De pronto… el que Es, arrojando sombra a su paso, dador del remanso de la noche.

Y la Creación se hizo cierta ante los ojos.

(inédito)

 

Mateo Díaz Choza (Lima, 1989)

Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado los poemarios Av. Palomo (2013) y Libro de la enfermedad (2015), además de ser coeditor de Recitales Ese puerto existe. Muestra poética (2010-2011) (2013). En el 2013, obtuvo el primer lugar del Concurso de Poesía – Juegos Florales de Barranco.

 

Advertisements

Gociterra-Lecturas móviles (Paulo Peña)

Gociterra emprende la búsqueda de testimonios creativos y pretende ser vehículo de viajes de la palabra poética. Su propósito es extender lazos y plantear la posibilidad de la escucha y del intercambio literario.

Este primer volúmen es una muestra en curso configurada por voces de la poesía peruana contemporánea.

Paulo Peña nos comparte fragmentos de Cada ventana tiene su propio cielo (Paracaídas, 2013)

Cada ventana tiene su propio cielo

(fragmentos)

Estoy en mi habitación, rodeado por mis cuadernos de apuntes, mis esquemas de trabajo y un gastado fascículo perteneciente a una de las tantas ediciones del diccionario Larousse. Una antigua promoción comercial permitía contar con la enciclopedia completa, siempre y cuando se comprara cierta revista que salía cada semana. Mi padre fue quien se encargó, con diligencia admirable, de reunirnos la colección. El fascículo se trata en realidad de un cuadernillo con el lomo empastado y que como seña más llamativa tiene una serie de minúsculas manchas de color marrón que reviste el borde de sus páginas. Si lo abro, noto de inmediato que el margen utilizado por las palabras y sus significados los mantiene a salvo de la especie de aureola amarillenta que ha crecido desde aquellas manchas. No puedo quitar la mirada de la franja formada entre el margen de las palabras y el borde de la página. No sé explicarme el porqué de este gesto. Aunque luego caigo en cuenta de que se debe a que estoy contemplando, en todo su esplendor, el único y verdadero reino de los hombres. Es decir, el espacio sobrante en el que vivimos: entre lo transitorio y lo inexorable. Entre el conocimiento que durante siglos hemos ido adquiriendo, atesorando y continuado heredando; y el desconcierto que nunca ha cesado de provocarnos la permanente presencia del tiempo.

Aunque ocurra de forma casual, sea en el lugar que sea, y más allá de que dure solo por un breve lapso, al toparme con la conversación de dos desconocidos, quiéralo o no, ciertas palabras terminarán invadiendo mis tímpanos. Si pretendo entender su sentido, y así consigo encontrar en ellas la respuesta o la solución a mis dudas no dichas, entonces serán como aquellas semillas que al invierno sobreviven bajo tierra y logran germinar porque a tiempo las alcanzó el calor de la vida. Su fruto azaroso me sosegará. En cambio, si pretendo entender su sentido, tan sólo prendido por la curiosidad, deberé tener la pericia de sujetarlas cuando en su viaje de esquirlas atraviesen mi campo de percepción, para que así, lo más pronto posible, determine su tono y destino. A veces lo consigo, a veces no.  Cuando creo que sí, me satisfago por haber empuñado —metiendo la mano a ciegas en un estanque fangoso— una preciosa serpiente: el sentido. Pero cuando descubro que no, me doy cuenta que sólo he cogido la piel —una lámina viscosa y oblonga— y que la serpiente, suelta en el agua que comparte conmigo, no sólo está dispuesta a escapar de mi presencia.

Paulo César Peña (Lima, 1986)

Ensayista e investigador literario. Fue fundador y director de la revista de ensayos ‘Estereograma’. En 2013, publicó el libro de prosas breves ‘Cada ventana tiene su propio cielo’ y, en 2015, el ensayo ‘1945: Jorge Eduardo Eielson, vida y canción en Lima’, ambos con Paracaídas Editores. Asimismo, en los últimos años, ha estado a cargo de talleres de escritura creativa y ha escrito artículos y reseñas sobre poesía peruana en revistas especializadas.

DSC01213

 

Gociterra-Lecturas móviles (Lucho Chueca)

Gociterra emprende la búsqueda de testimonios creativos y pretende ser vehículo de viajes de la palabra poética. Su propósito es extender lazos y plantear la posibilidad de la escucha y del intercambio literario.

Este primer volúmen es una muestra en curso configurada por voces de la poesía peruana contemporánea.

Lucho Chueca comparte con nosotros poemas de Ritos Funerarios (Colmillo Blanco, 1998) y Contemplación de los cuerpos (Estruendomudo, 2005)

Retrato de Taboga (ii)

Taboga descansa en el reverso de la navaja; su cuerpo

resbala por el filo ardiente,

turbio,

de esa forma inverosímil

de ese urgente grito

que repele toda apariencia de armonía.

 

Descansa

y su figura se arruma, se hace

nudo, ovillo, núcleo, nuez; y nuevamente

extiende su volumen.

 

Taboga disfruta del filo despreciable del cuchillo,

del bruto extremo que hinca y aprisiona,

del dolor que seduce

mientras suavemente perfora los costados y

encanta con su sonido agudo,

nervio, sordo,

que engaña como un sueno

romo y repetido.

 

Su figura se expande nuevamente

y cubre los extremos de la

hoja:

            el anverso

            y el reverso

de la desesperación.

 

Taboga se acerca al borde del abismo,

del minúsculo abismo donde todo desaparece y deja de existir,

donde toda fuerza se abandona entumecida

y ya no queda nada de lo que sostenerse.

 

Nada

ni el mismo abismo al que se arroja.

DE Ritos funerarios (Lima: Colmillo Blanco, 1998)

 

Documental

Un video narra las horas finales de Pompeya en el año 79 dC. Explica el arqueólogo que el motivo de la muerte de sus habitantes no fue la lava del Vesubio sobre los cuerpos, sino el contacto de estos con una temperatura superior a los 500 grados. “La coloración rojiza hallada en algunos cráneos es una particular incógnita. Podría ser el cerebro que comenzó a desbordarse previamente a la explosión. El calor fue tan intenso que puso a hervir el cerebro antes de estallar”, anota fríamente.

Ensayo esa misma frialdad documental en este poema y añado, sobre acontecimientos más cercanos: “Lo que quedaba de los cuerpos fue entregado a los familiares en cajas de leche Gloria. Poco antes se hallaron, enterrados, camino a Cieneguilla, restos de un maxilar superior y cinco dientes, el cráneo de una mujer con un agujero de bala, retazos de un pantalón calcinado y un juego de llaves, que permitió identificar a las víctimas y seguir la pista de los cuerpos embolsados”. O transcribo, en un nuevo giro, el comentario de un marino que explica que, a diferencia del Ejército, en su arma a los detenidos “los matan desnudos para que no los reconozcan, ni sortijas ni aretes, ni zapatos ni ropa interior. Y las prendas las queman”.

Ni un asíndeton he tenido que inventarme. Tampoco imágenes o la contraposición.

Me pregunto si hay algo que aumentar en este poema.

***

Contemplación de los cuerpos

Visiones nebulosas y constantes

transcritas en una lengua que no se deshilvana

aunque debiera

ni masca su carne hasta el espanto

Y entonces cómo escribir si el hálito de vida

se adelgaza violentamente

cómo no perder la voz o hundirme

en la locura

cómo pretender que la armonía reorganice la existencia

si el verbo exacto es solo engaño ante la muerte

montada sobre el lomo

sin embargo aspira la certeza de los póstumos latidos

dibuja sobre tu piel las marcas de los cuerpos contemplados

y   canta    canta     canta

que el canto redime del horror

y de la fría voz de la impaciencia

acaricia el pecho desgarrado

el cuerpo canceroso

el agujero en el omóplato

como al desvelo de un sexo que se hunde sobre otro

en la más extrema perfección

golpea        rasga        desentierra

o arráncate los labios

pero canta

DE Contemplación de los cuerpos (Lima: Estruendomudo, 2005)

Luis Fernando Chueca (Lima, 1965)

Ha publicado los poemarios Rincones (Anatomía del tormento) en 1991, Animales de la casa en 1996, Ritos funerarios en 1998 y Contemplación de los cuerpos en el 2005. Está incluido, entre otras antologías de poesía peruana, en La letra en que nació la pena (1970-2004)  (Lima: Santo Oficio, 2004), La mitad del cuerpo sonríe (México: FCE, 2007) y Fuego abierto (Santiago: Lom, 2007). Estudió Literatura en la U. Católica del Perú, donde también cursó una maestría. Se doctoró en Literatura en la U. Católica de Chile. Actualmente ejerce la docencia en la Universidad de Lima y en la PUCP. Entre sus trabajos sobre poesía peruana están Umbrales y márgenes. El poema en prosa en el Perú contemporáneo (U. de Lima, 2010) y Espléndida iracundia. Antología consultada de la poesía peruana 1968-2008 (U. de Lima, 2012), escritos junto con Carlos López Degregori, José Güich y Alejandro Susti, además de la edición de Poesía vanguardista peruana (PUCP) en el 2009. Fue coeditor de Odumodneurtse, periódico de poesía y de la revista Intermezzo tropical.

DSC01341

Gociterra-Lecturas móviles (Luz Ascárate)

Gociterra emprende la búsqueda de testimonios creativos y pretende ser vehículo de viajes de la palabra poética. Su propósito es extender lazos y plantear la posibilidad de la escucha y del intercambio literario.

Este primer volúmen es una muestra en curso configurada por voces de la poesía peruana contemporánea.

Luz Ascárate nos lee poemas inéditos.

 

 Plegaria

Y el hombre dijo:

hágase el poema

y todo fue malo.

El señor es mi pastor, nada me falta

no me faltan el hombre ni la muerte

la miseria o el infortunio

el señor me acompaña

en el cadáver de mi madre

en su cáncer y su destajador

¿qué me puede faltar?

 

En la risa maliciosa de mi verdugo cuando soy la esclava de 5 años,

el señor está.

Y en los ojos de esa mujer hambrienta que se traga a su feto,

el señor está.

Y en el feto que nació en un basurero,

el señor está.

 

Oh señor, una palabra tuya, la de la meretriz golpeada y el asesino culpable

bastará para sanarme

la del niño filicida, la de cura pederasta

tu palabra es mi verdad, rocíame con la cura de tu verdad

 

y habitaré en la casa del señor

por años sin término.

 

Identidad

“Samain diría el aire es quieto y de una contenida tristeza.

 

Vallejo dice hoy la Muerte está soldando cada lindero a

cada hebra de cabello perdido, desde la cubeta de un frontal,

donde hay algas, toronjiles que cantan divinos almácigos en

guardia, y versos anti sépticos sin dueño” (Vallejo).

 

Nosotros  no decimos            solo     somos              los que al hablar emiten ruido        y al estarse como en un bulto en el vientre de una madre fantasma       a los que nos ocultan           de tu madre y de tus hijos              los huérfanos castrados         los hombres últimos           los de la transición      y         los que ya no odiamos porque    entonces habría que odiar nuestras propias manos      a nuestros padres e hijos     y para eso          no nos alcanza el corazón ni el aire            no estamos orgullosos de nuestra no palabra              no hemos elegido tal fortuna.

 

Nos quitaron la salvación             porque somos muchos           alguien dice en tiempos que me hacen mucho frío más me faltas         le responden yo quería ser poeta, por eso guardé silencio              otro dice he encontrado la máquina del movimiento perpetuo      le responden los cuerpos somos diferencias e infinito                    B dice las palabras hacen el amor aunque procedan de la boca de las sombras                    le responden he encontrado la máquina del movimiento perpetuo.

 

Silencio

detrás de los cerros

el pishtako

se alimenta como una máquina

ruidosa ignota colosal

de nuestros sueños

 

donde la tierra es toda mala y olvida

gritamos a veces

pero nadie nos escucha

nadie ya nos quiere y abraza

hemos olvidado a nuestra madre

y el lenguaje de las piedras

 

el pishtako

dice que sólo somos ruido

 

cuando nos encuentra de noche

nos llama ruido

cuando camina por las calles

y sube a sus edificios

y prende su máquina de nombrar

nos llama ruido

 

ruido ven para darte nombre y voz

nos dice

y al instante nos destaja

 

así hemos vivido jóvencita séñorito

hablando al silencio

 

evocándolo

como se evoca lo que

se necesita y hiere

 

la cara me la quemaron todo

no encontré mi familia

 

gritando al silencio

como lo que yace

en donde no se mira

 

y me desgajaron el vientre

desde entonces ando en silencio

 

y al silencio

el relato de nuestros llantos

 

en los cerros más altos

en sus rocas más grandes

se esconde

 

el pishtako

 

su “expresión mística

es un estímulo más del pensamiento” (Novalis)

por eso

gritar al silencio

 

porque cuando al silencio volvemos

únicamente cuando tenemos miedo

únicamente cuando el miedo es hermoso

el silencio nos descansa

 

en nuestra colección de recuerdos tristes

pues “toda verdad es antiquísima” (Novalis)

en el silencio.

 

Luz Ascárate (Callao, 1989)

Magíster y doctoranda en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Actualmente es docente de la misma casa de estudios e investigadora del Museo del Hospital Víctor Larco Herrera. Ha publicado diversos artículos y poemas en revistas académicas. Finalista en el concurso nacional de poesía COPÉ 2013, ha participado en distintos eventos de poesía.

Gociterra-Lecturas móviles (Santiago Vera)

Gociterra emprende la búsqueda de testimonios creativos y pretende ser vehículo de viajes de la palabra poética. Su propósito es extender lazos y plantear la posibilidad de la escucha y del intercambio literario.

Este primer volúmen es una muestra en curso configurada por voces de la poesía peruana contemporánea.

Santiago Vera nos lee un poema inédito y un poema de Libro de las opiniones (Paracaídas, 2014)

.

 

***

-No he visto nunca una sola palabra.

Decretos del triunvirato ablandan volcadas suficiencias

Y Entre los mástiles de nata Se desliza el orden.

 

Al fondo la ausencia de pared. No hay ni un zócalo que

Hierva horizontales ni amordace

Escudos paralelos.

 

La placa -herrumbre de la ausencia-

El tiempo en que no estábamos Aquí

 

No Había Muro

No Hay Muro

 

 

El tiempo en que no estábamos aquí Algo pasó

 

Algo de Paso pasó exhibiendo artillerías separando junturas a balazos

 

Asolando vacuas latitudes exterminando vacas

 

Bombardeándose los pies cuando al contrario procurábase acabar con multitud de allís

 

Y vientos

 

 

No he visto nunca  una sola palabra

Ni al fondo            Ni adentro               Ni latiendo en el umbral del viaje

 

La finta del ocaso en la pared

 

No hay pared

No hay Muro

 

No he visto nunca una sola palabra

 

-¿Y?

***

Esos procesos demoran. Longitudinal y transverso. Esos procesos son así. Estoy acá. En algunos lugares en donde no estoy, voy a estar. En todos los lugares en donde voy a estar, no estoy. La luz, es la luz la que me ha partido. Se me cae el brazo. Mi espalda se apoya sobre una pared de vidrio. Y eso es solo un término, un primer comienzo. Estamos largamente, ciudadanamente, lejanos. La cuestión recién empieza. ¿Qué es lo que va a terminar? Lo que va a terminar es lo que no ha empezado aún. Lo que va a empezar es lo que no ha terminado aún. Debes entender la naturaleza del proceso. ¿Desde dónde he partido? Desde un punto de partida. ¿Y antes del punto de partida? Un punto de llegada. Longitudinal y transverso. Todo, absolutamente todo, es un exceso. Estoy acá. Y eso es un exceso. La luz, es la luz la que me ha partido. Yo me presento a mí mismo en un yo-tú y en un yo-él. ¿Dónde, en qué parte del proceso, se ha quedado el yo-yo? En un comienzo. En un punto de llegada. Y si hablamos de otras para adelante: hay algo en la mitad. Sigo acá. Estoy donde antes estaba. Voy a estar donde he estado. He estado en donde sigo estando. Esos procesos demoran. No debo desbordar mis posibilidades. Mis posibilidades son: estar sentado. Estar sentado. Estar parado, para estar sentado. En el camino todo es llano. No pareciera posible su extrema llanura. Cuando menos, da miedo. En cualquier momento se desata la tensión contenida. Me despido, volando. Salgo disparado. Y llego…a otro camino. Y allí me siento. Y me siento de este modo. Y permanezco así, sentado. Y espero. Y espero tanto, que se hace ya, una falta de respeto, un exceso, una sobreabundancia. Mi espalda se apoya sobre una pared de vidrio. Me doy cuenta. Estamos en el comienzo. Otra vez otra vez. El cielo llueve. Y ese es el camino. La lluvia cae. Y ese es el camino. El sol alumbra. Y ese es el camino. El viento sopla. Y ese es el camino. El hombre se comporta. Y ese es el camino. El mar. Y ese es el camino. El camino. Y ese es el camino. Todo es elemental. Todo es primero. Todo existe, con las justas. Estoy acá. Estoy acá. ¡Aquí! ¡Maldita sea! Mi condena es para siempre. Esos procesos demoran. ¿Y cuánto? Esos procesos son así. ¿Y desde cuándo? Esos procesos son así. ¿O sea que no se puede hacer nada? Esos procesos son así. El camino es solamente un camino. No una ruta. Si no tuvieras pies, sería un lugar. Si no tuviera cabeza, un espacio. ¡Si no estuviera yo aquí jamás! No contestes, estate. El camino lo perdona todo. En algunos lugares en donde no estoy, voy a estar. En todos los lugares en donde voy a estar, no estoy. Y Ya nada es definitivo. Nada está resuelto. Mañana todo es una misma cosa. La misma fuente. Hoy todo es definitivo. Todo está resuelto. ¿Quién ha dicho qué? ¿El yo-yo ha hecho su aparición? ¿El yo-tú? El yo-él? En el fondo, no hay ningún fondo. Yo me espero muchas cosas, entre ellas, a todas. Sin embargo, pero. Aunque, no obstante. Por lo tanto, concluimos. Esos procesos demoran. Mis posibilidades son: estar sentado. Todo es elemental. Otra vez otra vez. Estoy acá. Estoy acá. Y Ya nada es definitivo. Longitudinal y transverso. El camino. El viento.  El sol alumbra.  El hombre.  El hombre se comporta.  Y permanezco así, sentando.  Y espero. Y espero. Y espero.  Una falta de respeto, un exceso,  una sobreabundancia.  Todo es elemental. Todo es primero.  Todo   existe, con las justas.  ¡Maldita sea!  Mi condena es para siempre.  Me doy cuenta.

 

Santiago Vera Cubas
Poeta y miembro del colectivo de poesía Ánima Lisa. Estudió Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde realiza estudios de Maestría. Se especializa en temas de estética, filosofía del lenguaje y teoría del urbanismo. Ha publicado Volúmenes silenciosos (Taller la crema, 2012) y Libro de las opiniones (Paracaídas, 2014).

 

Gociterra-Lecturas móviles (Mario Pera)

Gociterra emprende la búsqueda de testimonios creativos y pretende ser vehículo de viajes de la palabra poética. Su propósito es extender lazos y plantear la posibilidad de la escucha y del intercambio literario.

Este primer volúmen es una muestra en curso configurada por voces de la poesía peruana contemporánea.

Mario Pera nos lee poemas de Preparaciones anatómicas (2009) y de Ruido Blanco (2011).

 

De Preparaciones anatómicas (2009)

 

El taxidermista

Había un cuerpo que solía llamarme:

ciego pescador de expresiones.

Alacrán,

siempre dispuesto a incrustar su estilete.

 

Cada nueva piel,

cada nueva carne que brota de fecundos huesos,

alimenta en mí un prurito devastador

al crear formas perfectas

extremadamente apetecibles de

perennizar.

 

El arte,

materia de mi adoración y angustia,

es el oscuro traje de lo que se define a sí mismo

como el pozo dentro del cual se esfuma la vida;

es el último brillo

que emana del filo de mi navaja

antes de inocular

la muerte.

 

Es en aquel febril momento,

mientras la sangre de mi obra ve mutilado su fluir,

que se inyecta en mis iris:

el delirio del suicida,

y reverdece

aquella antigua manía.

 

Entonces,

ríos blanquecinos con olor a formol

invaden mis venas,

y la inquietante frialdad y aplomo

que requiere mi oficio,

me sumerge nuevamente en la obsesión

por eternizar cada enigmática figura,

que entre mis manos,

reclama una nueva existencia.

 

Gota por gota,

se filtra presurosa la sal de Boro

por las rendijas de mi tórax,

discurriendo ligera

como un raudal que a su paso muerde

la orilla de mi sangre.

Y se desata así la bestia,

y ruge el animal descontrolado

al elevar en su puño el escalpelo

para luego hacerlo danzar desnudo

entre la carne y las entrañas,

bajo la lánguida luz cómplice

de una inmisericorde lámpara.

 

Mi labor halla así su motivo:

cada emigrante vestido debe restaurar su pulso;

debe

retornar ficticiamente a la vida.

 

Hace algunos años,

había un conjunto de letras,

una tendencia a pintar y a observar ciertos cuadros

que solían describir cabalmente

la impavidez de mi oficio:

el por qué desde hace tanto

mi raza es estéril.

(Salzburgo)

 

 

De Ruido Blanco (2011)

Ruido Blanco

 

I

Es la misma locura

el dedo del tiempo que raspa la pólvora de la memoria

las cifras y el curso de los meses

en la cabeza de mi padre.

 

Cantos de imperfección

es el despertar de Los Malditos;

Los Malditos que el tiempo arrolla

cuando se apagan los faroles

la escolástica muere y el olor del whisky

se enrama en la bravura de las lenguas

desgarrando

la pálida palabra de sus labios.

 

Blanca locura

locura de espanto tejida sobre mi frente

que esparce el arsénico

la prosa perversa

sobre el maldito trabajo de escribir.

 

II

Locura sombría

aciago devenir de la memoria

¿seré capaz de vencerte?

 

Despierta con este fuego inmenso

que herra la ciudad a mi cuerpo.

Esta ciudad que recoge de ti la luz y se trenza

con el aire y la neblina del invierno

questa città che rimane ferma

y sus palabras hieren como esquirlas

que lamen las sienes

el revés de la cordura

el arrebato del miedo que por fin

salta la barda.

 

Mis pasos olvidan el abismo

se acoda en mi frente un designio

que me engulle a dentelladas

el tiempo no es más que la estúpida invención

de un cráneo vacío

que vuelve inútil comprender el deleite

con el que mis ojeras carcomen

los atardeceres que jamás debí descubrir.

 

III

¿Qué esconde su rostro en el rostro de otros

para no ser descubierto?

Taimado incluso luego de mostrarse

ingresó violento en su pecho

el coro de los ataúdes vacíos

pendiendo de la tierra

como grilletes de un cuello escuálido.

Así cabalgan Los Malditos

izándose sobre la muerte y la sombra

de sus funerales;

así cabalgan

devotamente uno tras otro

apretando el carbón de la locura

contra su alma

apretándolo hasta hundir en su cuerpo

la Armonía que nunca pudo saborear

el pálpito de su boca.

 

Mario Pera (Lima, Perú)

Diseñador gráfico y abogado. Ha publicado en poesía Preparaciones anatómicas (2009) y Ruido Blanco (2011, 2015 y 2016) y, en ensayo, Fare l’America or learn to live in it? Italian immigration in Peru (2012), así como Mirando sobre el heno. Muestra de poesía peruana reciente (2014). Ha sido editor del sello Magreb. Actualmente dirige la revista web cultural y el sello editorial Vallejo & Co.