La rebelión de los signos: Sobre Morir es un arte de Mariela Dreyfus

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El final de la existencia en Morir es un arte (Máquina Purísima 2014) de Mariela Dreyfus no es una mera desaceleración vital, sino una huella potente en la memoria. En este poemario morir no solo nombra un punto de llegada, se trata más bien de un desencadenante cargado de saber. No es ¨un arte de morir¨, como  El arte de la guerra de Sun Tzu en el que una técnica se anexa a una acción, ya que en el poemario ¨morir¨ es en sí mismo un suceso saturado de conocimiento. Sus versos apuntan un lecho mortuorio, donde los signos retoñan.

Fernando Savater indica que si los animales mueren, los seres humanos saben que morirán; es decir, tienen experiencia, memoria y premonición de la muerte. Con estas palabras se señala una posición activa frente a la finitud que también está presente en Morir es un arte. Ante el fallecido, el dolor se acompaña del discurso funerario: ¨reverbera la piel que roza el fuego/ la llama que desdora el diente ajeno// ¿qué fue del crisantemo en la ventana?/ ¿la retina encendida, el fresco aliento?// sosegón o paxil para el testigo/ del tránsito del cuerpo a la memoria: // se retira el cortejo sopla el viento/ la pavana adormece el cementerio¨ (45). De este modo la muerte es metamorfosis de un metal que es forjado, y la palabra que la nombra inscribe necesariamente su temporalidad; ya que la escritura no se congela melancólicamente en el pasado, sino que pone en juego presente y pasado simultáneamente. Ello responde a que no se trata de una escritura sobre la muerte, sino de una escritura con la muerte, pues la ausencia es para ella un elemento constitutivo. La memoria se agrieta y el poema navega esa brecha. En el  ¨mar que es el morir¨ la palabra poética se nutre y se hace marina: ¨ésta es la danza con el mar/ la eterna danza macabra/ espejo del atardecer/ líquenes enredados a mi cuerpo/ como un cordón umbilical/ el mar me abre su vientre¨ (11).

En cada golpe de voz que demarca los límites de cada verso se opera sobre el carácter finito de la materia verbal. También los vocablos mueren y en estos decesos consecutivos el lenguaje se aproxima a la experiencia de la muerte: ¨al abrirse la boca arde el volcán: / una herida en plena encía/ abierta y sangrante// la necrosis de un tejido/ pequeño al comienzo/ y ya malsano// la incisión tiñe de rojo los dientes/ (y aún arde) ¨ (15). La disección de la materia ofrece una dispersión que el poema convoca en una unidad imposible. Sobre los fragmentos la palabra discurre en su fracaso por organizarlos: ¨tiende la cabeza hacia atrás/ y ahoga el grito: // boca adentro el artífice/ taladra el tiempo// su velludo antebrazo al agitarse/ postula el tajo como una redención¨ (15). Avizorar la finitud en estos poemas será  organizar esquirlas en un campo magnético, para que sin continuidad sean convocadas al pensamiento. Además, esta escritura que convive con la muerte tiene como destinatario el espacio de los vivos. En estos términos, cobra fuerza el epígrafe de Dylan Thomas: ¨y la muerte no tendrá dominio¨. Como un epitafio, los poemas traen al ausente al aquí y al ahora: ¨Acusado temor: infrafunción del pulso que conjuro/ en este infralenguaje casi niño, casi mudo/ mirándote dormir. // Romper las reglas digo, rebelarse. / En contra de la muerte y sus designios. / En contra de su mal¨ (47).   He ahí el carácter insurrecto de un morir que es un arte; pues nombra un proceso que el lenguaje habita para obligar a lo que se ha ausentado a aparecer y convertirse en horizonte de experiencia: ¨Reina del corazón, pura ternura: / ¿Qué hacemos que vivimos en tu ausencia?¨ (55).

Finalmente, no solo la palabra poética le hace frente a la muerte, también lo hacen los amantes: ¨Te hablo de la muerte como una vieja herida. / Ésa que conocemos y ahuyentamos/ que a diario nos visita y sobrevuela/ nuestro lecho de amantes desvelados¨ (39). Si la escritura funeraria es un pedido imposible de respuesta, los cuerpos gozosos de los amantes se interpelan y se anudan estableciendo una alianza afiebrada que marca la rebelión máxima contra la muerte.

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