Entramado del fin del mundo. Sobre Rizoma (2015) de Carlos Yushimito

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A tientas ingresamos en la espesura de Rizoma, un bosque textual donde los personajes no son seres angelicales que nos llevan por claros apacibles, sino seres equívocos que nos invitan a participar de su extravío. La geografía que nos muestran son escenarios simbólicos de potente evocación, donde las angustias subjetivas se mezclan con preocupaciones colectivas de sobrevivencia. En los tres relatos ¨Rizoma¨, ¨Los bosques tienen sus propias puertas¨ y ¨Los que esperan¨ se conduce al lector por escenarios en desintegración. En tal estructura la ficción se desplaza del estrato estético al ético, y los personajes nos develan su capacidad de respuesta a circunstancias extremas como la destrucción del mundo. La vulnerabilidad en medio de tal contexto es enfatizada por el título del conjunto, pues ¨rizoma¨ evoca una estructura relacional en un entramado conformado por una multiplicidad de filamentos. Los personajes pueden entenderse como parte de una red rizomática en crisis; donde una vez instalado el riesgo para un individuo, el peligro se convierte en una amenaza para toda la comunidad. Por tanto las narraciones retratan la capacidad de respuesta de los personajes a problemáticas que los obligan a salir de su ensimismamiento.

El cuerpo es el hilo conductor de las relaciones rizomáticas en estos relatos. En función de él los personajes se orillan a un sentido de comunidad, dada su puesta en riesgo. En el cuento ¨Rizoma¨, por ejemplo, el cuerpo gozoso dado a los placeres gastronómicos pronto se convierte en un cuerpo devorable expuesto al canibalismo. La óptica narrativa apunta un giro epistemológico contemporáneo importante, si se toma en consideración la concepción del pensamiento moderno respecto al dominio de la naturaleza por la razón y la desacreditación posterior en el pensamiento revisionista post-metafísico respecto a la finitud de la voluntad humana. En un lenguaje lleno de humor y, no por ello menos verosímil, el cuento tematiza el boom gastronómico peruano con agudeza crítica: ¨Vosotros, queridos, estáis llamados a convertiros en comensales híbridos, espectadores de la cocina sinestésica, y, si puedo decirlo, hasta en bocas líquidas. La globalización os alcanza, pero muchos corréis aún de ella como si se tratara de Polifemo. ¡Basta! ¡Dejad de hacerlo!¡Pies en la tierra y a plantadle cara! Cierto es, camarada, y temo no ofender a nadie con estas palabras honestas, que hablar de la tecno-cocina en este país es apenas emitir el grito germinal previo al alafabeto…poner la primera piedra en Machu Picchu, hacerle el nudo inicial a un quipu. Perdonadme, pero os debo decir algo: todavía estáis comiendo un cadáver… ¡Pensad en ese rico y brillante cadáver que se aletarga en las canteras!¡Miradlo y hacedlo florecer!¡Convertidlo en ese dorado anillo que os calce en el dedo¨ (17,18). En este pasaje observamos la ciencia culinaria como aquella capaz de explotar los bienes naturales primarios para mercantilizarlos en analogía de la fuerza extractiva tecnificada de la minería y la orfebrería. Se retrata de esta manera una actitud de domesticación y dominio frente a la naturaleza, en la que el consumo se ha sofisticado al extremo de que sea posible ¨deconstruir la causa rellena¨. Ello no sería más que una muestra, como dice uno de los personajes del cuento, de la ¨voracidad y el refinamiento autosuficiente de la sociedad contemporánea¨ (23).  La ironía de la sofisticación gastronómica se presenta a través del motivo del canibalismo, sucedido a propósito de la instalación de un nuevo restaurante en la ciudad. Con este elemento se añade una óptica desde la cual se permite ver al cuerpo humano, más allá de una posición dominante, como una entidad puesta en riesgo. Más aún, se lleva a los personajes a observar su posición rizomática, dado que observarán con mayor detenimiento sus conexiones interpersonales. Estas consideraciones recuerdan los postulados respecto al cuerpo dentro del pensamiento fenomenológico de Maurice Merleau Ponty, quien señala: ¨Es necesario que con mi cuerpo se despierten los cuerpos asociados, ¨los otros¨, que no son mis congéneres como dice la zoología, pero me acechan y a los que acecho, con los que asecho un solo Ser actual, presente como nunca un animal ha acechado a los de su especie, a su territorio o a su medio¨ (11, 12 El ojo y el espíritu). Con esta reflexión el filósofo formula un entendimiento del cuerpo humano como una entidad en relación con los cuerpos que lo rodean. Con ellos forma un sistema dentro del cual el sentimiento de acecho enfatiza la interdependencia material del ser humano y su entorno. Esta percepción de la corporalidad también se encuentra en el relato, donde la acechanza de los cuerpos ajenos tiene en la voracidad una representación radical, como si se nos hablara de un hambre divino y generalizado que puede equipararse con la vida misma.

En ¨Los bosques tienen sus propias puertas¨ el cuerpo del ensueño adquiere el carácter de lo que debe ser interpretado y ello se logra a partir de la acumulación de experiencias. En ellas no se esclarece la decodificación, sino que se complejiza para los lectores de tal modo que se hace del cuerpo un lugar opaco e impreciso y, tal vez por ello, libre. En este cuento Zoe ha soñado con tener su cuerpo a merced de unos enanos. El sueño no se detalla pero se reitera en un vaso comunicante conformado por el encuentro de Zoe con una mujer enana, a quien confunde con una niña. El conjunto de divagaciones sobre el cuerpo y sus significados tiene en el estrato de los sueños una representación singular; en ella el personaje no es un mero objeto de deseo o una muchacha destinada a quedarse en el condado donde creció. En los sueños parecieran abrirse los bosques donde su cuerpo se libera: ¨Zoe pensaba en una vieja ballena que sacara el lomo por encima de aguas tranquilas, a salvo de arponeros, y en cómo ese rumor parecía escapar, contagiando el aire con la profundidad que cargaba, que traía de abajo y que dejaba al descubierto, al menos por unos segundos, todos sus abismos. Luego, cuando se marchaba, volvía a hundirlos en la misma oscuridad silenciosa. Y uno se quedaba allí, como si el cuerpo hubiera relajado un flujo de sangre y la  vida latiera de nuevo¨ (73). El personaje parece asumir su sublevación diaria a través de la ensoñación, tal vez por ello se interesa por: ¨El tipo de sueño que confundiría a la realidad y la haría dudar¨ (75), como si los filamentos rizomáticos nocturnos pudieran contagiar toda la cadena rizomática que conforma la autopercepción y la percepción del mundo en su conjunto.

La decodificación de los cuerpos también aparece en el cuento ¨Los que esperan¨. En este se relata la reunión de una serie de noticias sobre la proliferación de cuerpos anómalos en la población peruana, sobre todo en zonas marginales. La narración despliega con agudeza la atmósfera periodística sensacionalista, que la memoria del lector no puede dejar de asociar con los años noventa. La alusión implícita se entreteje en pasajes donde los ojos que buscan al protagonista de la próxima noticia sobre un ¨monstruo¨ de carne y hueso se tropiezan con manifestantes y bombas que de seguro no serían parte de los titulares. En ese sentido el cuento nos invita a repensar los actos de escritura como inscripción y silencio, pues no es solo lo que se registra, sino lo que se deja de registrar lo que configura la lógica de las representaciones. Al principio del cuento uno de los personajes invoca una idea de Aristóteles: ¨Los monstruos escribían con sus cuerpos lo que había pasado y lo que habría de suceder. Eran palabras y las palabras nunca mentían, solo aparecían y uno debía aprender a leerlas; eso era todo¨ (82). Con este pasaje no solo se llama la atención sobre los mensajes apocalípticos que los cuerpos deformes podían traer consigo, sino también la interrogante sobre qué significa que ¨los monstruos escriban con sus cuerpos¨. Con ello no solo se señala que la lectura de la ¨monstruosidad¨ se convierte en un instrumento a través del cual se resguarda el lugar de los cuerpos ¨normales¨, sino que lo ¨anormal¨ se satura de significados extendiendo la degeneración del cuerpo a la degeneración del cuerpo social, sin mayor visión crítica: ¨La gente estaba feliz de saber que el mundo estaba lleno de fealdad, imperfección y vicios. Y que su infelicidad se debía a causas que no podían controlar. Siempre que la estadística los alejara de ellas, nosotros cumplíamos una función: hacerlos sentirse bien en ese gran cuerpo deforme que era el mundo¨ (93). En estos términos, una consecuencia lógica y hasta natural de la atmósfera del relato es la destrucción. En ella la voz narrativa rescata lo que se ha escondido detrás de la proliferación de ¨monstruosidades¨, que  encubrieron las que fueron auténticas; dado que se evocarían sucesos luctuosos de los que la prensa guardó silencio: ¨No era solo la tierra abierta para que pudiéramos ver a los muertos que habíamos enterrado durante estos años la que se movía como si rascara pulgas incómodas. Porque eso era lo que no queríamos ver. Y no lo veíamos. Pero esos muertos salían de ahí removidos por las placas de la tierra. Y ese ya no era solo nuestro. El que se destruía bajo las suelas del mundo era por fin el de todos¨ (108).

En estos términos, Rizoma configura una textura apocalíptica que busca despertar los impulsos arqueológicos del lector, pues se nos convoca a la excavación en un territorio devastado para explorar los mundos subjetivos que lo condujeron a tal fin.

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